Angels or Demons

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 Historias

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MensajeTema: Historias   Sáb Ago 18, 2007 3:07 pm

aqui se pondran las historias escritas por concursantes del foro y mas.

si teneis historias que querais poner y no sabeis donde, este es vuestro sitio, si estais aburridos y teneis ganas de leer algo este es vuestro sitio
asi que no esperes mas y lee un rato o escribe una historia para este foro

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MensajeTema: El primer amor de victoria   Sáb Ago 18, 2007 3:12 pm

El primer amor de Victoria

Autora: CRiSTaLL

Se llamaba Victoria y tenía 10 años.
Andaba por aquel bosque de Suiza arrastrando los pies, cansada.
Se había apuntado a una excursión en el balneario, harta de pasarse el día encerrada en la habitación con su abuela. Pero como era la única niña del grupo, le costaba mucho seguir el ritmo de los adultos y se quedaba rezagada con facilidad.
Se había detenido para abrocharse el cordón de su deportiva cuando de pronto se oyó un grito y la pequeña levantó la vista asustada. Los pájaros habían levantado el vuelo asustados, haciendo vibrar las ramas de los árboles. Algo malo había pasado.
Victoria empezó a correr hasta llegar a una curva que adentraba más y más el camino en el bosquecillo. El grito venía de allí, pero nada se veía. La niña recorrió el lugar varias veces con la mirada, hasta percatarse que la maleza que rodeaba el camino acababa de ser arrancada.
Asustada, la pequeña se acercó hacia los arbustos y vio, con horror, que ante ella se extendía un pequeño precipicio, y en el fondo, yacía una mujer, inconsciente.
Victoria gritó aterrada y empezó a correr por el camino, en busca de ayuda. Pero los demás miembros del grupo se habían adelantado tanto que ni la habían oído gritar. ¿Qué haría ahora? Aún temblorosa dio media vuelta y se acercó de nuevo al precipicio. Con cuidad, empezó a bajar, sosteniéndose en unas raíces que caían por allí. Bajó sin mucha dificultad, pero al final resbaló y bajó rodando hasta dar con la mujer.
Al tocar el cuerpo inerte se puso en pié de un salto, asustada. Por suerte no se había lastimado. Pero la mujer... Tenía una brecha profunda en la cabeza que no paraba de sangrar y su piel estaba cada vez más pálida. Si no hacía nada pronto...
Sin pensárselo dos veces, Victoria se arrodilló junto a la mujer y extendió las manos hacia la herida, sin llegar a tocarla y concentró toda la energía almacenada en el bosque, canalizándola a través de ella, para dirigirla a la herida y poder cerrarla.
Parecía que funcionaba. Lo estaba haciendo. La estaba curando.

Pero de pronto Victoria sintió que la sangre se le helaba en las venas y que su respiración se detenía. Se le hizo un nudo en el estómago y un terror sin igual se apoderó de ella.
Alguien se acercaba a través del bosque, como una sobra sigilosa y mortal.
La niña se puso en pié y echó a correr, sin saber hacia donde iba ni de que huía. Solo sabía que tenía que alejarse de allí porque estaba en grave peligro.
Corrió con todas sus fuerzas, pero sus cortas piernas no le daban la velocidad que necesitaba. Eso la iba a alcanzar.
Con lágrimas en los ojos, Victoria tropezó con una piedra. Se levantó rápidamente, pero sabía que ya era demasiado tarde. Se dio impulso tratando de evitar lo imposible, y entonces chocó contra algo que no había visto. El impacto la echó para atrás, pero antes de tocar el suelo, sintió como unos brazos la cogían fuerte y la echaban hacia delante evitando así su caída.
Cuando se dio cuenta, Victoria se encontraba abrazada a alguien. La persona que la había salvado la rodeaba con sus brazos, echándola contra su pecho, quizás para protegerla. Y antes de que pudiese averiguar de quien se trataba todo empezó a dar vueltas. Ella quiso gritar, asustada, pero su salvador la estrechó fuerte contra sí, y Victoria ahogó su miedo en la camiseta naranja que llevaba él.

Cuando todo parecía volver a la normalidad, Victoria se vio con fuerzas para separar la cabeza del desconocido, y mirarle a la cara. Lo hizo a poco a poco, sin dejar de temblar, porqué a pesar de tener la certeza de que aquel desconocido le acababa de salvar de una muerte segura, no le resultaba nada familiar.
Y entonces le vió.
Era un joven de unos 16 años, de pelo oscuro y revoltoso y mirada tierna de color almendra. No era muy alto, ni muy fuerte, pero tenía un atractivo indudable.
El joven aún la tenía abrazada y la estrechaba contra sí, y Victoria no pudo evitar sonrojarse. Nunca había estado tan cerca de un chico. Pero el recuerdo de la huida desesperada volvió a su mente, como un mazazo, y la chica se apartó del joven, asustada. Pero estaba mareada y tuvo que sostenerse de nuevo en él, para no caer al suelo.
Sintió como la tomaba en brazos y la llevaba a través de un largo pasadizo hacia una habitación circular, donde la dejó en una cama. El chico se sentó a su lado y la miró con dulzura mientras le susurraba palabras suaves, que Victoria no podía entender.

- ¿Quién eres? –le preguntó la niña.

Sentía la cabeza como en una nube y los párpados le pesaban. Pronto caería desmayada.
Pero antes de adentrarse en un mundo sin sensaciones, pudo oír que el joven le decía, con un inglés de raro acento:

- Me llamo Shail.
Victoria despertó al poco rato, pero para ella parecía que habían pasado horas. Había una pequeña lámpara encendida, en algún rincón de la habitación, iluminándola con una tenue luz anaranjada y en el aire se podía oler el aroma de una barrita de incienso.
La pequeña se incorporó y dio un vistazo a la rara estancia donde se encontraba, adornada con unos muebles curiosos, sin bordes. La puerta estaba entreabierta y por la ventana se colaba la oscuridad de la noche.
Asustada al ver que ya había oscurecido y que se encontraba en un lugar desconocido, se puso en pié nerviosa y trató de saltar de la cama, pero se enredó un pié con la sabana y tropezó, cayendo de morros al suelo.
Levantó la cabeza aturdida y gimió de dolor al recorrerse la frente con la mano, le saldría un buen chichón.
Y entonces se percató de que junto a la cama había una mullida butaca donde yacía el joven que la había salvado, adormecido.
A Victoria se le detuvo el corazón y empezaron a temblarle las manos. De repente no sabía donde meterse ni que hacer. Ya no recordaba que se encontraba en un lugar desconocido con un joven al que no conocía. Ahora solo podía pensar en que pensaría él cuando despertase y la viese en el suelo con el chichón en la frente.
Se levantó de golpe y apartó las sabanas con intención de meterse dentro de la cama de nuevo, cuando sintió una voz detrás de ella. Tensa como un palo de escoba, Victoria giró la cabeza y se encontró con la dulce mirada del joven. Sin pensarlo dos veces, se metió en la cama de sopetón y se escondió bajo la almohada. ¡Se sentía tan tonta y avergonzada!
El joven seguía hablándole pero ella no entendía nada, quizás hablaba francés o alemán o alguna de esas lenguas que ella no conocía. Al final sacó la cabeza y vio que el chico la miraba con preocupación. Pareció que le preguntaba algo, pero ella negó con la cabeza y dijo, tímidamente:

- No te entiendo.

Entonces el joven suspiró y se quedó pensativo un rato. La miraba mientras se rascaba la barbilla, moviéndose continuamente, inquieto. Finalmente hizo un gesto como diciendo “no me queda más remedio” y se acercó a Victoria.
Ella sintió como sus mejillas ardían al tenerlo tan cerca y eso aún la ponía más y más nerviosa.
El joven cerró los ojos y empezó a murmurar unas palabras, que Victoria juraría que se repetían una y otra vez, y después movió los dedos hacia ella y le sonrió con un encanto que un poco más y le hace derretirse allí mismo.

- ¿Ahora?

Victoria seguía en una nube, pensando en el chaval que tenía delante, y que la miraba con una intensidad que dejaban sin aliento, cuando al fin bajó a la tierra de nuevo y se dio cuenta. ¿Había dicho “ahora”? ¿Le había entendido? ¡Lo había hecho!

- ¡Oye! –dijo, muy sorprendida- ¿Hablas mi idioma?

Pero el chico negó con la cabeza.

- Eres tú, que hablas el mío. Yo soy Shail, ¿y tu?

Victoria no terminaba de comprender, pero estaba tan embobada que solo pudo decir:

- Yo soy Victoria.

Shail le tendió la mano, ella la tomó, temblando aún por los nervios, y se dieron la mano.
Victoria seguía en la habitación, sentada en la cama de suaves sabanas junto a Shail, quien le había contado un sinfín de cosas que ella no acababa de comprender.
¿Magia? ¿Un planeta llamado Idhún?
Todo le sonaba rarísimo, pero a pesar de ello no tomó al chico por loco en ningún momento. Cosas más raras habían pasado en su vida, no la iba a sorprender que el chico que tenía delante y que le parecía tan guapo viniese de otro planeta, cuando ella había descubierto que podía usar magia 3 años atrás.
Entonces, en un momento en que se habían quedado en silencio, irrumpió en la habitación un chaval de unos 18 años, alto y fuerte, de pelo castaño corto. Victoria, asustada, se abrazó a Shail sin pensar, y el joven sonrió ante el gesto de la niña.

- Tranquila, es mi amigo. Se llama Alsan.

Pero Victoria siguió escondida tras Shail, mirando al recién llegado con una mezcla de miedo y vergüenza.
Alsan miró a la chica sorprendido, ¡que rara era!, y luego posó la mirada en su compañero.

- ¿...Entonces?

- No es idhunita –le respondió Shail, muy serio.

Alsan juntó las cejas sorprendido y examinó con la mirada a la pequeña, que seguía sentada en el borde de la cama, con las piernas colgando y los pies que a penas le tocaban el suelo. Lo que más llamaba la atención eran esos grandes ojos negros que tenía, y que observaban todo como si de un corderito degollado se tratase.

- ¿Y como es que usó magia? Además, si ese asesino enviado por Ashran la perseguía sería por algo, ¿no? –preguntó Alsan, sin acabar de comprender.

- Solo se me ocurre una cosa...

Victoria miró a ambos chicos. Sus rostros se habían puesto serios de golpe, y en los ojos de Shail había un brillo especial.

- ¿Lunnaris...? – preguntó Alsan, no muy seguro.

- Lunnaris –susurró Shail, con amor contenido.

Victoria se preguntó quien sería esa Lunnaris, pero no se atrevió a decirlo en voz alta. No terminaba de entender que pintaba ella en todo eso.

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MensajeTema: Re: Historias   Sáb Ago 18, 2007 3:13 pm

Pero nadie le dio ninguna explicación a la chiquilla, que se quedó mirando a ambos chicos con cara de boba.
Alsan le hizo un gesto a Shail, y el joven moreno se levantó de la cama para ir tras él. Luego, los dos salieron de la habitación y cerraron la puerta tras ellos, con lo cual, Victoria se quedó sola, sintiendose un poco desplazada.
¿Quién eran esos chicos que la habían salvado?
Shail le había dicho que venían de Idhun y buscaban magos exiliados que habían huido de su planeta tras una guerra contra algo que llamó Sheks. Pero ella no era de Idhún. Y además estaba esa tal Lunnaris.
Victoria había sentido una envidia enorme cuando Shail había pronunciado su nombre, con aquel cariño. ¿Pero porque sentía envidia? ¡Si hacía no más de un par de horas que le conocía!
Estaba confusa y se sentía sola, y sin saber muy bien porqué, se puso a llorar, en silencio.
Y cuando entró Shail de nuevo, y la vio sentada en la cama, frotándose los ojos con las manos, mientras sollozaba, se le encogió el corazón.

- ¿Qué... qué te pasa? – le preguntó, muy preocupado.

Pero al ver que la niña no le respondía se acercó a ella y la abrazó, muy fuerte, para consolarla.

- No llores, por favor.

Victoria se fue calmando poco a poco. Finalmente se separó del chico y lo miró, con los ojos enrojecidos por el llanto.

- ¿Quién es Lunnaris?

Shail le devolvió una mirada entre sorprendida y alegre, pero se limitó a decir:

- Un unicornio.

- ¿Un unicornio? – preguntó ella, incrédula.

- Si. En Idhún hay unicornios que transmiten la magia a las personas que los tocan.

- ¿Y que tengo que ver yo con ese unicornio?

- Pues que si tu puedes hacer magia, pero no eres de Idhún, quiere decir, que has visto a Lunnaris, porque se encuentra escondida en algún lugar de la Tierra.

- ¿Yo? – hizo la niña, señalándose a si misma.

- Tu, pequeña Vic –dijo el chico, sonriendo.

Siguieron hablando durante un rato.
Victoria cada vez se sentía mas a gusto con aquel joven y cuando finalmente él dijo que se acercaba la hora de volver a casa, la pequeña sintió que el mundo se le caía encima. Ahora que por fin había dado con alguien con quien podía hablar sin sentirse desplazada ni rara...

- Tu familia debe estar preocupada, Vic. Creo que ya va siendo hora de que vuelvas.

Shail le había explicado que aquel que la había perseguido no la molestaría mas si no usaba la magia, pues era el único modo que tenía de encontrarla. Así que no había ningún problema para que volviese a casa.

- En verdad no tengo familia yo... –murmuró la pequeña.

Shail la miró con una pizca de curiosidad mezclada con pena.

- Crecí en un orfanato, y ahora vivo con mi abuela, que me adoptó hace 3 años. Por eso... –se quedó callada unos intantes, antes de continuar-, por eso había pensado que a lo mejor me podría quedar aquí contigo y con Alsan, a vivir...

El joven mago pareció estudiar unos instantes la propuesta de la chiquilla, que seguía sentada enfrente de él. Pero finalmente negó con la cabeza.

- No creo que sea una buena idea. A pesar de que este es un lugar seguro, nuestra misiones son peligrosas, y no podemos mezclarte en ellas. En la Tierra estarás bien si no haces magia, así que estate tranquila.

Pero no era eso lo que preocupaba a Victoria, no era el miedo a ser atacada de nuevo lo que le había llevado a hacer esa proposición, sino el miedo de no volver a ver aquel joven de pelo oscuro que ahora se encontraba sentado junto a ella, jugueteando con la tela de las sabanas.
Su tierna mirada la había conmocionado de una manera que sentía que si no le volvía a ver se moriría de pena.
Y cuando la chiquilla lo daba todo por perdido, Shail dijo:

- Pero bueno, hay una cosa que si podríamos hacer.

Victoria se giró hacia él, con los ojos muy abiertos.

- ¿El que? – preguntó casi en un susurro, tratando de disimular los nervios que la corroían por dentro.

- Te voy a enseñar a venir a Limbhad.

Victoria ya no pudo aguantar más y se puso en pié, muy contenta.

- ¿De verdad?

Shail sonrió.

- Pues claro. Pero nos llevará un tiempo. Así que como al principio no podrás venir tú, iré a buscarte yo, ¿que te parece?

- ¡Genial! –gritó la niña, muy emocionada.

Solo podía pensar en la idea de que a pesar de todo, podría volver a ver a Shail, y que además él le enseñaría como llegar a Limbhad, y partir de entonces podría ir a verlo cada vez que quisiera.
Victoria miraba a través de la ventana del autobús de la escuela, aunque en realidad no tenía la vista puesta en ningún sitio concreto porque su mente se encontraba muy muy lejos de allí.
Después de su primer encuentro con Shail y Alsan, el joven la había llevado de regreso al hotel, donde se encontró con que su abuela, en vez de buscar a su nieta desaparecida, se había dedicado a pelearse con el gerente del hotel y había terminado haciendo las maletas.
Ya hacía unos días que habían regresado a Madrid y la pequeña había retomado las clases, pero ahora algo había cambiado. A pesar de que siempre había sido una buena estudiante, no conseguía concentrarse en las clases y cuando llegaba a casa no sabía hacer los deberes.
Y la culpa la tenía él, Shail.
Victoria no se lo podía sacar de la cabeza. Se pasaba horas y horas pensado en las conversaciones que habían tenido días atrás, en Limbhad, y deseaba con toda su alma poder repetirlas pronto. Porque el chico le había dicho que algún día de esos iría a buscarla después de las clases y la llevaría a la casa de la frontera.
El autobús se detuvo delante del colegio y Victoria bajó junto a sus compañeras. A primera hora tenían naturales y eso era un alivio, porque podría volver a su mundo de sueños y fantasía mientras la profesora hablaba.
Al llegar a clase, sacó el libro y lo abrió por la pagina correspondiente, y recostó la cabeza sobre la mano derecha, perdiendo de nuevo la mira en el infinito. La profesora entró al poco rato y empezó la lección con su dulce y somnífera voz. Victoria bostezó, aburrida, y no pudo evitar que se le empezaran a cerrar los ojos, pues la noche anterior no había dormido muy bien, pensando en su amor.
Entonces, de pronto, la pequeña se encontró en Limbhad. No sabía como había llegado allí, pero no tenía ninguna duda de que se encontraba en la casa de la frontera, pues podía observar las típicas habitaciones y muebles redondeados.
Entre contenta y asustada, empezó a caminar por el largo pasadizo que se extendía delante suyo. Tenía que encontrar a Shail. Avanzó lentamente y no tardó mucho en dar con él.
Le encontró en la misma habitación en que había despertado aquel día, trasteando con algo, de espalda a la puerta. Entonces, cuando ella entró el joven se dio la vuelta y la miró fijamente, con una sonrisa en los labios. Sus ojos brillaban con un brillo especial como el que Victoria había visto cuando Shail habló de Lunnaris.

- Al fin as llegado –susurró, él.

Victoria sintió que sus mejillas se volvían rojas como el tomate, y abrió la boca para responder, pero no le salieron las palabras. Sintiéndose aún más estúpida optó por cerrar la boca y permanecer allí quieta.
Shail se acercó a ella, y ella le siguió con la mirada, sin hacer ni decir nada. Sentía todo su cuerpo temblar.
El joven se percató de ello, y le acarició la mejilla con suavidad, mientras le decía:

- Tranquila.

Victoria tragó saliva. Tenía la cara del chico justo delante de la suya y podía verle con toda claridad, aunque, como él era más alto, tenía que levantar la cabeza para observarle.
El rostro de Shail era de facciones agradables y sus ojos transmitían una dulzura que despertaba un sinfín de nuevas emociones en el corazoncito de Victoria. ¿Cómo era que nunca se había fijado en los chicos de esa manera? Sin darse cuenta, la chiquilla posó la mirada encima de los labios de él y los observó durante unos instantes, tan finos y sonrosados, entreabiertos y dibujando una leve sonrisa. ¿Qué se sentiría al besarlos?
Un beso...
Había visto muchos en películas, pero nunca se había planteado como sería eso de besar a alguien. Sus compañeras de clase hablaban a veces sobre el tema, y a pesar de que Vic nunca intervenía en esas conversaciones, si las escuchaba, como quien escucha música de fondo.
Y entonces vio como Shail inclinaba un poco la cabeza y la acercaba a ella, lentamente.
Victoria muy asustada, intentó echarse para atrás, pero el joven la tomó entre sus brazos, atrapándola.

- ¿Puedo besarte? -le preguntó, cada vez más cerca.

No sabía que decir. Lo deseaba, pero nunca antes había besado a nadie, y no sabía como hacerlo. ¿Se reiría él de ella? Había oído contar a una de sus compañeras de clase que cuando los chicos mayores besaban, metían la lengua en la boca de la chica, pero solo con pensarlo, le venían ascos, a Victoria.
Aterrada, cerró los ojos y apretó fuerte los labios. La espera se hizo eterna, y al fin, cuando sintió el roce de los labios de él encima de los de ella, no pudo evitar un suspiro. Relajándose, se dejó llevar por esa suave caricia. Iba a abrir la boca para dejarle entrar, cuando Shail se apartó, y mirándole directamente a los ojos le dijo:

- ¿Ves como no ha sido tan horrible?

Victoria se perdió en los ojos de él, anonadada. Era verdad que no había sido tan horrible, al contrario, había sido fantástico. Cuando, de pronto, oyó que alguien la llamaba.

- Victoria...

Sorprendida, miró a su alrededor, pero no vio nada, y cuando volvió la mirada hacia Shail, todo se volvió borroso y poco a poco se fue formando una figura delante de ella.
Era su profesora.

- ¿Victoria, estás bien? Te has quedado dormida en clase.

Victoria la miró con los ojos desorbitados. ¿Dormida? ¿Así que solo había sido un sueño?

- No tienes muy buen aspecto. Mejor llama a tu abuela y te vas para casa, ¿de acuerdo? –continuó la maestra.

Ella asintió y bajo la mirada de sus compañeras, recogió todo y salió de la clase, sin dejar de pensar en aquel beso.


Habían pasado tres semanas desde que Victoria había regresado de Suiza, y aún no sabía nada de Shail. Se pasaba el día en las nubes, angustiada. Por una parte deseaba con todas sus fuerzas que el joven mago fuese de una vez a buscarla y la llevase a Limbhad, donde podrían charlar y compartir almenos una tarde juntos, pero por otra parte deseaba que no volviese más, porque desde el día del sueño no sabía como podría mirarle a la cara de nuevo.
Esa tarde, después del colegio, Victoria salió como cada día. El chofer iba a venir a buscarla esa tarde, pero como había mucho agobio de gente en la entrada del colegio, la esperaba en la esquina que había un poco más abajo. Caminaba deprisa, agobiada por la presencia de la multitud que la rodeaba, sosteniendo las asas de la mochila para que el peso de los libros no recayera en su espalda, cuando empezó a tener la sensación de que alguien la seguía. Asustada, empezó a andar más rápido, empujando a su paso madres y niñas que salían del cole. Pero la presencia no desaparecía, sino que se acercaba y alguien detrás suyo hacía:

- Shht shht.

Pero la niña estaba tan asustada que no quiso girarse. Alarmada, bajó a la carretera para evitar a la gente y echó a correr hacia la esquina donde le esperaba el coche.

- ¡Vic! –oyó que gritaba alguien detrás suyo.

Se detuvo en seco, y miró hacia atrás.
Allí, entre el gentío, había un joven de unos 16 años, con tejanos y una camiseta naranja encima de una camisa de cuadros azul. El joven la miraba con preocupación, pero al verla relajó la expresión hasta convertirla en una sonrisa.
Victoria suspiró aliviada y se quedó quieta al lado de la acera, hasta que Shail se le acercó.

- Lo siento –murmuró cuando lo tubo al lado- creía que eras...

- ¿Kirtash? –dijo Shail, comprendiendo la confusión.

Victoria se estremeció al oír ese nombre.

- Es que no sabía si eras tu o no –comenté Shail-, te he visto de espaldas y por eso te seguía sin decirte nada. Lo siento yo también.

Un poco más calmados, ambos se apartaron de la gente. Y entonces Victoria se percató de que se había encontrado de nuevo con Shail. Enseguida se puso roja y se apartó un poco, muy nerviosa. Ahora solo podía pensar en aquel beso cada vez que lo miraba. ¿Qué pensaría él si le contaba que había soñado eso? Seguro que se reiría de ella.

- ¿Que te pasa? ¿Te encuentras bien? –le preguntó él, al verla de ese modo.

- Si, si, espérate aquí ¿vale? Que tengo que ir a decir que me vengan a recoger más tarde
Cuando Victoria regresó Shail la esperaba sentado en la barandilla que había para que los coches no aparcaran delante del colegio. Algunas chicas mayores le miraban y cuchicheaban y eso molestó mucho a Vic.

- ¿Vamos? –le dijo a Shail, tratando de disimular su nerviosismo.

- Claro –dijo él y se puso en pié.

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MensajeTema: Re: Historias   Sáb Ago 18, 2007 3:13 pm

Caminaban en silencio. Shail lo miraba todo, fascinado. Aunque ya hacía algunos meses que habían llegado con Alsan desde Idhún, no dejaba de sorprenderse con la tecnología que había en la Tierra. Por su parte, Victoria caminaba cabizbaja, concentrándose en sus pensamientos y maldiciéndose por llevar ese horrible uniforme de la escuela el día que al fin volvía a ver a Shail.

- ¿Dónde vamos? –preguntó el chico, sacándola de su mundo.

Ella se detuvo y miró a su alrededor. Habían cogido el bus y se encontraban en el centro de Madrid.

- No se. Podemos ir a tomar un café o algo.

- ¿Café? –preguntó él, frotándose la barbilla –Mmm... he oído hablar del café pero nunca lo he probado.

Victoria sonrió.


Al rato se encontraban sentados en una cafetería muy iluminada. Vic sorbía sin muchas ganas una coca-cola con demasiado hielo y Shail saboreaba un café como si llevase toda la vida haciéndolo.
Hablaban poco y de cosas muy banales, cuando Victoria cayó en la cuenta:

- Oye, como es que ahora te entiendo?

- Magia –dijo él, moviendo los dedos, delante del rostro de Victoria, que no pudo evitar una sonrisa infantil-. Eso me recuerda, que tengo una cosa para ti.

Y se puso la mano en bolsillo, para buscar algo. Victoria le miró con expectación, mientras él sacaba un amuleto colgado de una cadena y se lo alargaba ella. Victoria lo tomó entre las manos con cuidado y lo examinó: era un hexágono con las puntas redondeadas y en el centro había una inscripción que, a pesar de no entender, le resultaba vagamente familiar. La chiquilla levantó de nuevo la mirada y la clavó en la de él. No entendía muy bien el regalo. ¿Significaría algo?

- Es un amuleto mágico. Cuando te lo pongas entenderás y hablarás mi idioma. Así no tendré que hacer un nuevo conjuro cada vez que nos veamos, ¿te parece?

Se le congeló la sonrisa en la cara, decepcionada. Así que solo era un amuleto de comunicación... ¡Claro! ¡Que tonta! ¿Cómo podía pensar que un chico al que casi no conocía le regalaba un collar?

- ¿No te gusta?

- Si, si... claro que me gusta.- hizo una pausa y bajó la mirada, para preguntar- Oye... ¿porqué has tardado tanto en volver?

Shail la miró sorprendido y se dio cuenta de que en los ojos de la pequeña brillaba la emoción contenida.

- Hey, no llores, Vic –le dijo, mientras le acariciaba la mejilla.

- No, si no lloro –murmuró ella, forzando una sonrisa.

- Es que tuvimos un enfrentamiento con ese asesino de Ashran, el que te persiguió. Y Alsan, mi compañero, ese que viste en Limbhad, salió malherido y estos días he estado cuidando de él.

Victoria murmuró algo, a modo de disculpa, roja de vergüenza al sentirse tan egocéntrica ¡El joven Alsan estaba malherido y ella lloraba porque no podía ver a su amado todo lo que quería!

- Tranquila, ya no volverás a sentirte sola ni a pasar miedo. Esto tiene fácil solución. Te voy a enseñar a ir a Limbhad y podrás venir a verme cuando quieras.

La pequeña asintió sin decir palabra.

***

Al salir de la cafetería se adentraron en una callejuela solitaria y se metieron en un portal, libre de miradas indiscretas. Entonces Shail dirigió una mirada de complicidad a Victoria y la cogió de la mano (¡¡La vogió de la mano!!). Ella no tuvo tiempo de sentir como su corazón se aceleraba por ese contacto, que todo empezó a dar vueltas y vueltas y pronto se encontraron en la biblioteca de Limbhad. Al llegar ella tubo que sostenerse unos segundos en el hombro de él, para no caer, mareada por el viaje.

- Ven –le dijo él, tomándola en brazos.

En otras circunstancias Victoria se habría sentido en una nube ante ese gesto pero ahora sentía la cabeza muy lejos.
Shail la llevó a la misma habitación donde había estado la primera vez y la recostó en la cama, para que se recuperase. Cuando al fin parecía que todo había pasado, sintió que él le decía:

- Al principio cuesta un poco pero ya te acostumbrarás. Ven, salgamos fuera.

Se levantó de la cama con la ayuda del chico y se puso en pié. Anduvieron por los pasadizos de la casa de la frontera en dirección a la puerta, pero al pasar por una de las puertas, Victoria se dio cuenta de que estaba abierta y no pudo evitar sacar la cabeza para ver que veía. Se encontró con Alsan, el amigo de Shail, desnudo de cintura para arriba y empapado en sudor, moviendo una espada y dando golpes secos al aire. Alsan sintió la presencia de Vic y le dirigió una mirada severa, pero sus labios se arquearon en una leve sonrisa y ella, asustada, echó a correr tras Shail, que ya se encontraba muy para adelante. El joven caballero se encogió de hombros y siguió con lo suyo, estaba claro que asustaba a la mocosa.

Cuando llegaron a la puerta de entrada de la casa de la frontera, Victoria seguía conmocionada por el hecho de haber visto a Alsan de ese modo. ¿Por que sería que desde que había conocido a la resistencia había empezado a mirarse a los chicos con otros ojos?

- ¿Te gusta? –oyó decir a Shail, que se encontraba a su lado.

Victoria alzó la vista, volviendo de su mundo de sueños y pensamientos y se encontró con que era de noche. Su primera reacción fue asustarse pues no era tan tarde cuando habían llegado a Limbhad y el sol no debería haberse puesto. Pero acto seguido, la pequeña empezó a fijarse en su alrededor con más detenimiento.
Delante suyo se extendía un caminillo, y un poco más allá se alzaba un extraño edificio que parecía desafiar las leyes de la gravedad. Al fondo podía divisarse un bosquecillo, y en los límites de Limbhad habían algunas montañas. A pesar de que era de noche, había una claridad sobrenatural que iluminaba todo y pronto Victoria se dio cuenta de que se trataban de miles de luciérnagas que brillaban en la noche oscura.
Shail la condujo a través del bosquecillo, hasta un sauce grande y espeso que crecía a la orilla de un riachuelo que cruzaba aquel micro-mundo. Una vez allí, la invitó a sentarse entre la ramas del árbol y luego se sentó junto a ella, tan cerca que la chiquilla pudo sentir en su brazo el roce del chico.
Las luciérnagas acudieron a ellos con rapidez y empezaron a trazar pequeños círculos a su alrededor, entre las ramas del sauce, dándoles la poca luz que necesitaban. Vic no pudo evitar contemplar de reojo el rostro del muchacho que estaba sentado a su lado, y que miraba las estrellas de la noche de Limbhad con una mirada tierna y soñadora.
Entonces, Shail bajó la mirada y la posó encima de ella, que sintiéndose descubierta, apartó los ojos, ruborizada. Pero el chico pareció no darse cuenta del gesto, y preguntó:- ¿Qué te parece?

- Bien... bien... –tartamudeó ella-, es muy bonito, pero... ¿Por qué es de noche? Cuando nos hemos ido de Madrid aún había un poco de sol.

Shail se rió.

- En Limbhad siempre es de noche. El tiempo está detenido, y por lo tanto no sale el sol.

- Aaaaah –hizo la niña, muy sorprendida.

- Bueno, ¿estás preparada?

Victoria miró fijamente al chico moreno que había a su lado y afirmó insistentemente con la cabeza.

- Bien, entonces cierra los ojos.

Victoria cerró los ojos, un poco temerosa.

- Ahora relájate, pon la mente en blanco.

Trató de evadirse, pero no lo consiguió, y sin querer, se puso a pensar en el sueño que había tenido días antes. Abrió los ojos de par en par y se encontró con la mirada preocupada de Shail.

- ¿Estás bien?

Sintiendo las mejillas al rojo vivo, Victoria estuvo tentada de ponerse en pie y marcharse corriendo, pero rápidamente recordó que no tenía manera de escapar de aquel mundo y que si se iba de eso modo, luego tendría que darle explicaciones a Shail. ¿Y que le diría? ¿Qué le gustaba? ¿Qué esos días lo había pasado muy mal ante la duda de si él volvería o no? Estaba claro que no. No podía decirse, ahora no, no podía arriesgarse a perderlo.

- Si, estoy bien –dijo, forzando una sonrisa, y volvió a cerrar los ojos, tratando de no pensar.
Shail observó con detenimiento el rostro de la pequeña Vic, iluminado por la tenue luz nocturna. Tenía los ojos cerrados y los apretaba con fuerza, quizás concentrada en algo, y su carita se arqueaba en una mueca muy graciosa.

-Vic –susurró él.

Ella abrió los ojos.

- No, no. No abras los ojos.

Victoria volvió a cerrar los ojos, un poco más relajada.

- ¿Te gusta que te llame Vic?

Ella sonrió, con los ojos aún cerrados. ¡Claro que le gustaba! Porque solo él la llamaba así, y era un signo de esa complicidad que se había establecido entre ellos. Aunque solo llegó a susurrar:

- Si.

- Pues bien Vic, ahora concéntrate en Limbhad.

Victoria pensó en aquel lugar que acababa de conocer. Pensó en la casa de la frontera, en aquel bosquecillo verde e impregnado de un aroma especial que la llenaba de vida, en el cielo estrellado...
Y entonces, cuando pareció sentirse en perfecta armonía con su alrededor, algo la rozó, con un contacto fugaz.
Abrió los ojos, de par en par, esos ojos negros como el carbón, demasiado grandes para su rostro pequeño, y miró a Shail, que seguía sentado a su lado. Pero aquel contacto no había sido físico, sino mental.

- ¿Lo has sentido? –le preguntó el chico.

-¡Si! ¿Qué era eso?

- El Alma de Limbhad. El espíritu de este micro-mundo. Es la protectora y la que franquea la entrada a todo aquel que quiere viajar de aquí a la Tierra o a Idhún.

-Pero ahora no se puede ir a Idhún, ¿no? –dijo ella, recordando lo que Shail le había contado el primer día.

El afirmó con la cabeza, dándole la razón a la chiquilla.

- ¿Y cómo he de hacerlo, para viajar?

- Primero debes conseguir comunicarte con el Alma y fusionar tu aura con ella. Lo demás vendrá solo.

Victoria asintió, muy atenta, e intentó concentrarse de nuevo en aquel ente que acababa de conocer. Volvió a dar con ella, pero no podía fusionar su aura, pues le costaba mantener su mente fija en el Alma.

- Déjalo, Vic. Ya lo intentarás más tarde.

Esas palabras hicieron recordar a la chiquilla que seguramente debían estar esperándola en casa. Se puso en pié de golpe y echó una mirada rápida al reloj de colores que llevaba en la muñeca izquierda. Las agujas marcaban las siete y cinco.

- ¡Tengo que irme! –dijo ella, un poco nerviosa –Mi abuela debe estar que se sube por las paredes.

- ¿Tan pronto? –dijo Shail, un poco triste-. Bueno, pues te llevaré a casa.

Shail, la cogió fuerte de la mano, y le dijo:

- Piensa en tu casa

Victoria se concentró en el mirador que había tras su casa y sintió de nuevo el torbellino del alma que la envolvía y la arrastraba, junto a Shail, hacia su casa.
Allegra d’Ascolli levantó la vista del libro que estaba leyendo. Había sentido la presencia de la magia muy cerca de allí. Se levantó de la butaca donde se encontraba y se acercó al ventanal que había a unos metros de ella. En ese momento entró la cocinera.

- ¿Quiere que haga algo más señora?

- Ve preparando la cena de Victoria –murmuró Allegra, sin apartar la mirada de la ventana.

- ¿Ya? Pero si aún... –titubeó, la mujer.

- Haz lo que te digo –respondió la otra, dirigiéndole una mirada extraña, con un brillo especial.

***

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MensajeTema: Re: Historias   Sáb Ago 18, 2007 3:14 pm

Shail y Victoria se había materializado en el mirador que había en el patio trasero de la mansión de Allegra d’Ascolli. Estaban a finales de mayo y a esa hora el sol todavía estaba bastante alto, por lo que Shail pudo contemplar con detenimiento la casa de su amiga:

- ¡Uau, que casa más bonita! –dijo, muy sorprendido, aunque algo le llamó la atención más que la propia casa.

Era una extraña sensación de familiaridad, como si pudiese sentir algo en el aire que ya había sentido en otro sitio, quizás en Idhún. Aunque parecía poco probable que hubiese algo allí que perteneciese a Idhún y que no fuera la pequeña Victoria, por lo que Shail sacudió la cabeza, pensando que se tratava de un dejá vu.
Victoria dirigió una mirada desesperada a Shail, sin que él se diese cuenta. Pronto se tendrían que separar de nuevo y tenía miedo de no volver a verle. ¿Qué pasaría si volvían a tener algún percance con el asesino de Ashran? Solo de pensar en él, se le encogía el corazón por el miedo.

Lo que ninguno de los dos sabía era que desde la ventana del salón de la casa, les contemplaba Allegra, a quien la mirada se le había convertido en dos pozos negros y profundos. La mujer observaba nerviosa la escena que protagonizaban su nieta adoptiva y aquel joven, que le resultaba muy familiar.
Sabía que alguno de los dos había usado magia para llegar hasta allí, pero no podía jurar que hubiese sido su nieta, por lo tanto, ¿quería eso decir que ese chico era en realidad un mago? Eso podría implicar, que Victoria estaba en peligro.
Preocupada por su nieta, se apartó de la ventana, con la intención de ir en su búsqueda, pero cuando cruzaba la puerta del salón, recordó donde había visto aquel joven.
Había sido en la torre de Kazzlun, diez años atrás, cuando les habían enviado a todos a la Tierra en busca del dragón y el unicornio. Pero, ¿cómo podía ser que el chico estuviese igual que entonces? ¿Acaso no habían pasado los años para él?

Mientras tanto, en el mirador, los dos jovenes se preparaban para la despedida.

- Shail...

- Vic...

Dijeron al unísono.
Ambos sonrieron.

- Dime –dijo Shail, dejándola hablar.

- Bueno, es que... – la pequeña trataba de buscar las palabras adecuadas. Sentía el corazón en su pecho latiendo a mil por hora, y no podía pensar con claridad- vendrás a buscarme otro día, ¿no?

- Claro que vendré –dijo él, sonriendo.

- Es que tengo miedo de que no vuelvas... -dijo ella, nerviosa.

- Tranquila, que volveré, no te dejaré sola de nuevo.

- No, no es eso...

Victoria miró fijamente a Shail y él pudo ver en sus ojos aquella luz especial que había en ella.
Entonces pareció como si se detuviese el tiempo.
El chico había quedado prendado de esos ojos, y no podía separar la vista de ellos, como si hubiese un imán que le retenía. Victoria, por su parte, trataba de poner en orden sus pensamientos para buscar las palabras adecuadas para decir lo que quería decir.
Al fin la chica inspiró profundamente y dijo:

- Me gustas.

Se puso de puntillas y dio un beso suave a la mejilla de Shail, y luego salió corriendo, sin esperar respuesta.

Shail salió de su trance y se llevó la mano a la mejilla. ¿Acababa de darle un beso? Sorprendido aún por la situación que acababa de vivir, observó, sin moverse, como Victoria corría hacia su casa, y desaparecía tras los muros de aquella pequeña mansión, sin tan siquiera dirigirle una mirada.
Trató de pensar en lo que le había dicho. ¿Le gustaba a ella? ¡Pero si hacía bien poco que se conocían! Además, él no había hecho nada especial, para ser merecedor de ese halago. Se preguntó que sentía él por ella. La verdad era que no se había fijado en Victoria como mujer, pues era muy niña.
Pero esa tarde... hacía unos instantes, cuando había perdido la mirada en la de ella... algo se había removido en su interior.
Sacudió la cabeza, confuso, y llamó al Alma, antes de dirigir una última mirada a la casa de su amiga.

- Alma, llévame a Limbhad –susurró.

Tenía que pensar en muchas cosas.

Shail se materializó en la biblioteca de Limbhad. Absorto en sus pensamientos, bajó las escaleras hasta la planta baja, y se dirigió hacia la cocina, donde Alsan se peleaba con una chuleta, intentando cocinarla en el fuego.

- ¿Quieres comer algo? –le dijo a Shail, al verlo.

- No, gracias, no tengo hambre –murmuró el otro y se dejó caer en una de los taburetes que había alrededor de la mesa de la cocina.

- ¿Y Victoria? –preguntó Alsan, mientras seguía con sus quehaceres.

- Ya se fue...

Alsan dejó a un lado la chuleta que estaba cocinando y dirigió una mirada severa a Shail, que seguía totalmente absorto, frotándose la mejilla, inconscientemente.

- Oye, Shail, ¿te pasa algo?

Entonces, el joven mago alzó la vista y clavó su mirada oscura en la de su amigo.

- ¿Tú dejaste a alguien en Idhún?

- ¿Qué quieres decir? –preguntó Alsan, sorprendido.

- Si tenías alguna chica...

Alsan arqueó una ceja y miró a su compañero como si acabase de decir la barbaridad más grande del mundo. Pero en la mirada de Shail pudo ver que hablaba en serio, así que recapacitó y pensó en la pregunta mientras se frotaba la barbilla.

- Cuando era pequeño, a veces venía al Castillo una niña, hija de nobles. Nos hacían jugar juntos, pero yo no la podía soportar y le tiraba del pelo. Se llamaba Eliúna. Luego dejé de verla y pasaron los años, y me enteré que yo estaba prometido a una noble princesa desde mucho antes de que los dos naciéramos. Al principio no me importó, porque creía que era mi deber casarme con ella, pero todo cambió cuando volví a ver a Eliúna hace un par de años, cuando cumplí los 16...

Shail observó a Alsan, y pareció ver en el fondo de sus ojos, una pizca de melancolía.

- Por cierto, ¿A que viene todo esto? –preguntó Alsan, de sopetón.

- No, nada, curiosidad...- trató de disimular, Shail.

- A ti te pasa algo – dijo el joven caballero, mientras se servía su comida, sentándose junto al mago.

- Bueno... –Shail no sabía si debía confiar en el chico que tenía al lado- ¿Qué te parece Victoria?

- No se. No he hablado con ella. Parece un poco rara.

Shail, veía que con indirectas no llegaría a ningún lado. Con Alsan tenía que hablar claro.

- Tu crees que Victoria es demasiado pequeña...

- Oye, que te pasa con Victoria, que solo hablas de ella...

Entonces Alsan cayó en la cuenta. Se levantó de sopetón y por poco tira la comida al suelo. Clavó una mirada profunda y severa en el joven mago y dijo:

- ¿Te has vuelto loco? ¿No estarás pensando en...?

Shail enrojeció y desvió la mirada.

- ¡Es una niña! Y no solo eso, ¿que pasaría si se enamorara de ti? Algún día tendremos que volver a Idhún, y si ella es de la Tierra no podrá venir con nosotros. ¿Y entonces que haréis?

- Pues... no lo se... –respondió el joven, abatido.

Victoria murmuró algo, mientras miraba a través de las oscuras ventanas del metro.

- ¿Decías algo, Victoria? –le preguntó una de sus compañeras.

- No, nada. Hablaba sola –dijo, mientras trataba de forzar una sonrisa.

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MensajeTema: Re: Historias   Sáb Ago 18, 2007 3:14 pm

La relación con sus compañeras ya era muy difícil, pero desde hacía unos días, parecía aún peor. Se dirigían todas hacia la biblioteca, porque tenían que hacer un trabajo de sociales, pero Victoria tenía la cabeza muy lejos de todo eso.
Había pasado una semana y media desde que se había atrevido a confesarle sus sentimientos a Shail, y desde entonces no había tenido noticia alguna del chico. Había intentado ir ella misma a Limbhad, pero aún no controlaba bien lo del Alma, y aunque a veces contactaba con ella, luego no sabía como trasmitirle su energía o como pedirle que la llevase a ningún sitio.

- ¡Venga Victoria, que es para hoy!

Levantó la mirada y vio como sus compañeras se preparaban para bajar, así que hizo lo mismo. Cuando el vagón de metro se detuvo, las 5 chicas bajaron y empezaron a andar entre la gente, en dirección a la salida. Victoria andaba un poco rezagada, arrastrando los pies y con la mirada clavada en el suelo. Iba tan despistada que chocó contra alguien, y le cayó de las manos la carpeta con todos los apuntes y las fotocopias para el trabajo.
Los papeles se esparcieron por el suelo, y Victoria sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas, ya solo le faltaba eso.

- Vaya, lo siento –le murmuró al desconocido, sin levantar la cabeza, y se arrodilló para recogerlo todo.

Entonces oyó la voz de pito de Marisa, una de sus compañeras, que se acercó poniendo el grito al cielo por la incompetencia de su compañera.

- Vaya, Victoria, mira que eres torpe. Tu, chico, déjalo, ya lo recogemos nosotras, pero muchas gracias igualmente.

Victoria pensó que Marisa no tenía pelos en la lengua, y levantó la mirada para ver quien era la nueva victima de esa víbora. ¿Y adivináis quien era?
Victoria se quedó petrificada por el terror, estuvo a punto de gritar el nombre del chico, pero él se llevó un dedo a los labios, en señal de silencio, y se puso en pié, para marcharse, pero al pasar por el lado de Victoria, susurró:

- Te esperó allí –dijo, señalando una hilera de bancos.

Victoria tragó saliva, y se puso en pié de golpe. Había recogido todos los papeles y se los dio a Marisa, que la miró incrédula.

- Me voy a casa, no me encuentro muy bien –dijo, antes de echar a correr.

- ¡Eh oye, espera! –gritó Marisa - ¿Y el trabajo...?

Pero se quedó con la palabra en la boca, porque Victoria ya se había ido.


***

Shail la esperaba sentado en el banco, con posado nervioso. Victoria había ido a esconderse en los lavabos hasta cerciorarse de que sus compañeras se habían ido. Luego había salido al encuentro de su amigo.

- Hola – murmuró ella, acercándose, sin mirarle a la cara, roja como un tomate.

- Hola –respondió él, que también parecía nervioso.

El silencio que había entre ambos era tan incómodo que Victoria estuvo tentada de irse, pero algo la retuvo.

- Me gustaría hablar contigo –dijo Shail, sonriendo, tímidamente.

- Bueno –hizo ella, no muy convencida.

- ¿Te parece que vayamos a Limbhad?

Ella se encogió de hombros, algo tímida
La había llevado de nuevo bajo el sauce, en Limbhad. Victoria se sentó en una de las ramas, encogida, y abrazándose a sus piernas. Estaba nerviosa y asustada, y la verdad era que no tenía muchas ganas de hablar con Shail, por miedo de lo que él le diría.
El joven, por su parte, se había quedado de pié, apoyado en el tronco del árbol, un poco apartado de la pequeña, pues, a pesar de todo, tampoco se atrevía a mirarla a la cara.
Habían pasado ya algunos días desde la declaración, pero ambos podían sentirla como si acabase de suceder.
Shail había pensado mucho en el tema, en lo que había sentido, en lo que sentía y en lo que Alsan le había dicho. Era una niña, si, pero había visto algo en ella que no había visto nunca antes en otra chica. ¿Pero estaba realmente seguro de que fuese amor? ¿Y si era así, podía permitirse el lujo de tener una relación con ella, para dejarla tirada cuando volviese a Idhún?

- Victoria... Verás... –empezó él.

- Ya se lo que me vas a decir –le interrumpió ella, sonriendo, mientras escarbaba en el suelo, con el pie.

Shail la miró, sorprendido, y pudo ver, a pesar de la oscuridad, que los ojos de la chiquilla se habían llenado de lágrimas, que caían por sus mejillas; y a pesar de eso ella no dejaba de sonreír. Estuvo a punto de acercarse a ella, de arrodillarse a su lado y abrazarla, de decirle que lo sentía, que si la quería y que no quería verla sufrir más. Pero no lo hizo.
Victoria levantó una de las manos y trató de apartar las lagrimas con los dedos, pero como no podía dejar de llorar, desistió.

- Creo... creo que fue una tontería decirte aquello... –continuó ella, sin mirarle.

- Pero lo sentías.

- Si, pero ahora mira lo que pasa, tu no sabes como decirme que no me quieres, y he estropeado esta amistad que estábamos empezando.

- No digas eso. Victoria yo...

- Da igual, no hace falta que digas nada. Yo estoy bien –y dibujó una sonrisa, que se antojó agridulce por las lagrimas que aún salían de sus ojos-. Solo quiero, que sigas siendo mi amigo, por favor.

- Claro... –susurró él.

Pero no estaba seguro de poder seguir fingiendo una amistad cuando en realidad había algo más.
Shail la llevó a casa. Apenas si hablaron durante el rato restante que permanecieron juntos. Victoria se sentía avergonzada y culpable por el embrollo que se había formado, pero a pesar de eso, la aterrorizaba la sola idea de que Shail no quisiese verla nunca más. Pero él también sufría.
Sufría porque había roto el corazón de ella, cuando tenía en sus manos el modo de hacerla feliz. Sufría porque había traicionado sus propios sentimientos y los había enterrado bajo una mentira, aunque sabía que a largo plazo, esa mentira, era para el bien de todos.
¿Cómo podría mirarle a la cara, a Victoria, después de eso?
Absorto en sus pensamientos, Shail soltó la mano de la niña, una vez estuvieron delante de la casa de ella, y se apartó un poco, con la idea de volver rápidamente a Limbhad, para poder huir de todo.
Pero entonces ella le sacó de sus pensamientos.

- Shail...

Él se volvió hacia ella, y la miró, tratando de disimular el dolor que se dibujaba en sus ojos.

- ¿Vendrás a buscarme, algún día, para seguir practicando magia?

Shail no pudo evitar una sonrisa, ante la ternura con que Victoria había dicho esas palabras. La pequeña aún tenía los ojos enrojecidos, pero su rostro había adoptado una expresión mucho mas serena. Esos ojos... llenos de luz... una luz que le atraía y que le hipnotizaba. Estaba claro, aunque lo intentase, no se la podría quitar de la cabeza.

- Claro que vendré. Cada vez que lo necesites, estaré aquí.

Victoria suspiró, aliviada. Quizás no había ganado a un amante, pero tampoco había perdido a un amigo, y eso la reconfortaba. Aunque hacía poco que le conocía, sabía que si Shail no estaba a su lado, su mundo se vendría abajo.


El tiempo pasaba placidamente y ya había llegado el verano.
Victoria leía un libro, tumbada en una hamaca en el jardín trasero de la mansión de su abuela. Cansada, apartó la lectura y miró el cielo, que estaba totalmente azul y libre de nubes. Hacía un día precioso.
Y sin quererlo, su mente voló hacía aquella tarde, hacía dos meses, en que le había confesado sus sentimientos a Shail. Si, ya habían pasado dos meses, y por suerte, las cosas habían empezado a arreglarse entre los dos. Victoria ya no tenía tanta vergüenza cuando le miraba la cara, y se sentía mejor cuando estaban solos. Quizás con el tiempo, podría mirarle como a un amigo de verdad.
Pero le daba la impresión que había algo que había cambiado en Shail y que ya nunca volvería a ser como antes. El chico dulce y atento que había conocido, había terminado por convertirse en una persona más retraída y distante, a pesar de que seguía dándole a Vic todas las atenciones necesarias.

Lo que Victoria no sabía era que Shail tenía una enorme lucha interior. A pesar de que había decidido alejarse de la pequeña y no permitir que sus sentimientos hacia ella fluyeran con libertad, había aceptado seguir siendo su amigo. Y eso era una tortura sin igual. ¿Cómo podía estar al lado de la chica que le gustaba y no poder decirle lo que sentía? Era muy duro.
Había terminado por levantar una barrera invisible a su alrededor, y no dejaba que Victoria se acercara demasiado, para no caer en la tentación, pero su amistad con ella se había visto afectada por ese motivo. Su único alivio era ver que al fin, Vic parecía empezar a superar todo.

Victoria miró a su alrededor. No había nadie. Su abuela había ido a Madrid a arreglar unos asuntos bancarios y los sirvientes tenían fiesta. Más relajada, se tumbó en la hamaca y cerró los ojos. Poco a poco fue concentrándose en Limbhad y llamó al alma. Ya dominaba bastante el asunto de los viajes, pero le costaba bastante rato concentrarse y fusionar su aura con la del alma.
Al fin, después de un buen rato, sintió el contacto telepático que le producía aquel ente, y que la envolvió, acogiéndola en su seno. El cuerpecito de la niña empezó a difuminarse, para desaparecer instantes después.
Shail avanzaba distraído por las calles de un pequeño pueblo costanero de Inglaterra. Iba junto a Alsan, en misión de reconocimiento, pues el alma había detectado indicios de magia en aquel lugar.
El joven mago alzó la cabeza un momento y a lo lejos, vio a un grupo de chicas que le miraban y sonreían. Sorprendido, se las quedó mirando, y las chicas empezaron a reírse y a señalarle a él y a Alsan, con disimulo. Sin duda, el atractivo de los dos jóvenes no pasaba desapercibido.
Shail les sonrió levemente, por lo que las chicas se pusieron histéricas, pero siguió avanzando, sin más. Él ya tenía el corazón ocupado, por desgracia.

- Has visto esas chicas –le dijo a Alsan, para hablar de algo.

Alsan alzó la cabeza.

- ¿Que les pasa?

- Creo que nos están tirando los tejos- dijo, sonriendo, el joven mago.

- Hum... ahora no tenemos tiempo para eso, tenemos una misión.

Shail suspiró.

- Siempre estamos de misión. Y empiezo a estar cansado. Hace más de
6 meses que llegamos a la Tierra, y no ha ni rastro de Lunnaris ni de el pequeño dragón.

- Paciencia, Shail, no debemos rendirnos. El futuro de nuestro planeta depende de esta misión.

- ¿Pero y nosotros? ¿No podemos pensar en nosotros mismos, ni que sea de vez en cuando?

- No –añadió simplemente Alsan.

Y siguió andando.

Shail empezaba a estar harto de toda esa situación. Y lo más duro era no tener a nadie con quien hablar, pues Alsan llevaba demasiado adentro sus ideales de caballero de Nurgon, y parecía que no pensaba en nada más que en su misión.

El joven mago suspiró.

- Oye, Alsan, estoy cansado. ¿Te importa que me vaya a Limbhad? Vendré a buscarte luego.

- Tu mismo –dijo Alsan, dirigiéndole una mirada extraña.

Shail le hizo un gesto de aprobación con la cabeza y se giró, dispuesto a perderse en algún rincón donde nadie le molestara, para poder volver a Limbhad. Pero Alsan le detuvo:

- Shail.

El joven moreno se giró hacia su amigo.

- Se que esto es duro –dijo Alsan, muy serio-, quizás te estoy exigiendo demasiado, pero piensa que estamos luchando por una causa muy grande.

- Lo sé. Pero a veces pienso que no soy digno de llevar esta responsabilidad a cuestas.

Alsan se encogió de hombros.

- Hasta el más pequeño y débil puede hacer grandes gestas, si se lo propone. Tómatelo con calma, ¿vale? Nos vemos luego.

Shail se quedó mirando como su amigo se perdía en las calles de aquel pueblecito, mientras pensaba en lo que le había dicho. ¿Qué le estaba pasando? Desde que Victoria había entrado en su mundo, parecía estar perdiendo el norte.

Victoria se materializó en la biblioteca de Limbhad y tuvo que aferrarse fuerte a una de las sillas que había alrededor de la mesa donde aparecía la esfera del alma, para no caer. Parecía que nunca conseguiría acostumbrarse a esos viajes, que, además, la dejaban muy cansada.
Lo primero que sintió fue el fresco en sus brazos. Había ido a Limbhad en camiseta de tiras y pantalón corto, sin pensar que en la casa de la frontera hacía más frío, porque siempre era de noche. Se abrazó a si misma, para entrar en calor, y empezó a bajar hacia las habitaciones, para ver si encontraba a Shail o Alsan (aunque prefería dar con el primero ^-^)
Pero sorprendentemente no había nadie.
Vic recorrió todas las estancias abiertas, y luego bajó a la cocina, y también entró en la sala de entrenamiento. Pero nada.
En un último intento, salió de la casa y se dirigió al bosque, donde solía ir a practicar pequeños conjuros con Shail, pero tampoco dio con lo que buscaba.
Estaba claro que no había nadie.
Desanimada por aquel echo, volvió hacia la casa, con la intención de descansar un poco e intentar volver a la mansión de su abuela. Cruzó los pasadizos redondeados y subió las escaleras, en dirección a la biblioteca.

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MensajeTema: Re: Historias   Sáb Ago 18, 2007 3:15 pm

Shail se adentró en una callejuela poco transitada y se concentró unos instantes. Su cansancio de había vuelto frustración y ahora solo tenía ganas de librarse de aquel nerviosismo que le recorría el interior. Quizás en Limbhad encontraría la paz que había perdido.
Cerró los ojos y se dejó envolver por el alma de Limbhad, que le envolvió en su torbellino y le llevó de nuevo a su hogar. Cuando los abrió de nuevo, se encontraba en la biblioteca.
Miró a su alrededor y suspiró. Esas paredes le caían encima, como si de una prisión se tratase. Estaba harto de ver cada día lo mismo, de recorrer los mismos pasillos, de encontrarse las mismas cosas, de hacer las mismas tareas. Tenía que alejarse de todo un poco, para seguir adelante, o se volvería loco.
Se dirigió a la puerta y la abrió, con intención de bajar un rato al bosque, para dejar que la magia del lugar le calmase un poco su espíritu convulso.
Pero fuera había alguien que quería entrar, y que se que había quedado con la mano levantada, a la altura del pomo de la puerta.

- ¿Vic? -preguntó, sorprendido.

- ¡Shail! -respondió ella, igual de sorprendida.

- ¿Qué haces aquí?

- Bueno... Me aburría en casa y había venido a haceros una visita. ¿Dónde está Alsan?

Shail titubeó.

- Se ha quedado en la Tierra.

Estaban solos.

Victoria abrió los ojos más de lo normal. La evidencia le golpeó la conciencia. ¿Solos? Las mejillas se le sonrojaron.
Shail observó la respuesta que se había dibujado en el rostro de la chiquilla, y no pudo evitar que le sucediera lo mismo
Se contemplaron largo rato en silencio. Luego Victoria desvió la mirada, vergonzosa, al tiempo que jugueteaba con el colgante hexagonal que le había regalado Shail. No sabía que hacer ni que decir.
Fue Shail quien tomó las riendas de la situación. Dio un paso al frente, para acercarse a Vic, aunque ello le producía una extraña sensación.

- Bueno, ya que has venido, ¿te apetece que vayamos a dar una vuelta? Hoy estoy un poco... hundido –dijo, sin encontrar la palabra exacta-, y tengo ganas de salir de aquí.

Victoria le miró sorprendida. Era cierto que el aire divertido y jovial del mago se veía ahora apagado, había algo en él que no marchaba bien, pero ella tenía miedo de preguntar, y que él se lo tomase a mal. Pero al final, venciendo sus miedos, preguntó:

- Oye, Shail, ¿estás bien?

El chico la miró, no creía que Vic pudiese hablarle con esa confianza después de todo. Su amistad se había visto congelada tras ese incidente, pero ahora Victoria estaba acercando posiciones de nuevo, y Shail no podía negarse a hacerlo también. La mirada de Vic era tan cálida... Y se sentía tan bien a su lado...

- No. De echo no me encuentro muy bien...

El rostro de Victoria reflejó su preocupación.

- ¿Qué te pasa? ¿Estás enfermo?

- No, no es eso –dijo él, sonriendo levemente por la inocencia de ella-. Estoy... deprimido, por así decirlo.

- Vaya...- murmuró ella, y añadió, no sin antes sonrojarse- No será por mi, ¿verdad?

Shail la miró, sorprendido de verdad. ¿Tan bien le conocía Vic? ¿O es que era él muy previsible?
No sabía que responderle. Si le contaba la verdad, y empezaban otra vez aquella situación de distanciamiento, sentía que ambos se vendrían abajo. Ahora no podía estropear esa amistad otra vez. Y sonriendo ampliamente, aunque era una sonrisa forzada, dijo:

- No, tranquila. Son cosas entre Alsan y yo. Contigo estoy muy bien, eres mi mejor amiga, y tenerte aquí a mi lado me hace muy feliz y me ayuda a seguir adelante.

Victoria hizo una sonrisa cálida, y bajó la cabeza, sin llegar apartar la mirada del joven mago. Se sentía muy feliz ante aquellas palabras, porque significaban que no le había perdido, y que aquel distanciamiento que había notado en él después de declararse, empezaba a desaparecer. Aunque también sintió una pizca de tristeza, en el fondo del corazón, donde aún albergaba una remota esperanza ante la posibilidad de que él la quisiera también.

- Bueno, así que, ¿nos vamos? –preguntó Shail de nuevo.

- Vale –asintió Victoria.

- Y... ¿donde quieres ir?

La pequeña pensó durante unos segundos, y finalmente dijo:

- ¡Vayamos a la playa!

- ¿A la playa? –repitió él, sorprendido.

- Aha

- Bien, pues tu misma, llévanos a la paya.

Victoria asintió, se apartó un poco de Shail y le cogió fuerte la mano, luego cerró los ojos y empezó a concentrarse en el alma, hasta sentir su contacto, y su pregunta: ¿Dónde quería ir?

“A la Costa Brava”, pensó Vic antes de empezar a desvanecerse.

En el cielo, completamente azul, brillaba un sol de justicia.

- ¿Donde estamos? –preguntó Shail, asombrado por el bello paisaje que podía contemplar a su alrededor.

Se encontraban en un caminillo de arena, que cruzaba unos acantilados, formando una especie de mirador que daba al mar, de color azul intenso. En el agua de podían ver muchas barquitas de turistas que aprovechaban el calor del verano para dar una vuelta.

- No... no lo se exactamente.

- ¡Que calor hace! –se quejó el joven, tratando de ventarse con la mano.

Victoria sonrió, cubriéndose el rostro por el atrevimiento.

- Es que vas muy abrigado –dijo, contemplando sus vaqueros y su sudadera.

Shail se contempló a si mismo, y luego miró a Victoria, que lucía una camiseta de tiras naranja y unos shorts azules, ¡ella si iba fresca! Luego echó una ojeada a su alrededor, asegurándose de que no había nadie y murmuró unas palabras mágicas, aplicándose un conjuro a si mismo. En unos instantes lucía unos pantalones pirata blancos y una camiseta roja.

- ¿Qué te parece? –le preguntó a Victoria.

- Te queda muy bien –dijo ella, sonrojándose un poco.


Anduvieron por el camino un buen rato, resiguiendo la costa y sin apartar la mirada del mar. Se acercaba el mediodía y el sol apretaba con un calor abrasante. Al rato tuvieron que sentarse bajo un árbol, cansados y sudorosos.
Victoria se acomodó en un banco, abrazada a sus piernas, mientras que Shail se sentó en el borde, nervioso, y sin dejar de juguetear con una ramita que había cogido durante el paseo.
Shail se sentía tan bien... parecía que la preocupación que arrastraba desde hacía días se desvanecía ante la sola presencia de la pequeña Vic, pero... ¿Cuándo duraría aquello? Seguramente, cuando ella volviese a casa, le asolarían de nuevo todas las dudas y los miedos que le habían llevado a huir de Alsan...

- ¡Alsan! –gritó de repente Shail.

Victoria le miró, preocupada.

- ¿Qué pasa con Alsan? –dijo.

- Que lo he dejado en Inglaterra, buscando información sobre un supuesto uso de magia. Le he prometido que le iría a buscar al poco rato, y creo que ya hace bastante de eso.

Vic sonrió ante el despiste del mago, pero de nuevo el corazón se le llenó de tristeza, Shail se iría otra vez, ¿y quien le aseguraba que podrían volver a compartir un momento como ese?

- Bueno pues, tendremos que regresar... –murmuró sin muchas ganas.

- Si... pero... –Shail trataba de decir algo, algo que no sabía si debía o no.

Victoria fijó la mirada en él, y Shail pudo verse reflejado en esos grandes y profundos ojos negros. Se vio a si mismo, con ese posado inocentón y esa cara de bobo que se le quedaba cuando miraba a Vic de ese modo. Y no pudo evitar que se le encendieran las mejillas.

- Es que estoy muy bien aquí, contigo –murmuró finalmente.

Pero no tardó ni dos segundos en maldecirse por haber sucumbido con tanta facilidad a la tierna mirada de ella. No podía flaquear, no debía.
“¡Es una niña! Y no solo eso, ¿que pasaría si se enamorara de ti? Algún día tendremos que volver a Idhún, y si ella es de la Tierra no podrá venir con nosotros. ¿Y entonces que haréis?”
Las palabras que había dicho Alsan se repetían una y otra vez en su cabeza. Estaba tan confundido que le entraron ganas de llorar y echar a correr. Pero Victoria seguía allí, mirándole con cara de inmensa felicidad. Al menos eso le servía de consuelo.

- Pero debemos irnos –añadió finalmente- Te llevo a casa, ¿vale? A ti seguro que también te esperan.

Victoria quedó boquiabierta, pero no dijo nada. ¿A que se debía aquel cambio tan repentino? Hacía solo unos segundos, parecía que Shail... No, no era solo eso, lo había podido ver en sus ojos, ¡lo había visto! ¿Y porque ahora él actuaba así? ¿Acaso tenía miedo?
Pero no tubo mucho tiempo para pensar en ello, porque el joven la cogió fuerte del hombro y empezó el conjuro de teletransportación.

En el patio trasero de la mansión, Victoria miraba fijamente al joven mago que estaba frente a ella. Ya se habían despedido, y ahora él se iba hacia Inglaterra a buscar a Alsan. Esa mañana... había sido especial. No había duda. Shail había estado muy diferente con ella respecto a los demás días, más amable, mas cariñoso, mas atento... Pero de pronto, cuando parecía que estaba naciendo algo entre ellos, se había vuelto arisco como antes.
Y ahora Victoria contemplaba impotente como él se iba, para refugiarse en su mundo de nuevo. Si se lo permitía, quizás le perdería de nuevo. Ahora que había estado tan cerca...
Inspirando profundamente, Victoria alargó la mano y tomó la de Shail. Pudo sentir perfectamente el taco de esta, suave, pero fuerte. El joven se sorprendió y se alejó del Alma, a la que había reclamado para realizar su viaje.
Confuso, posó su mirada almendrada en la chiquilla.

- ¿Qué pasa, Vic?

Ella se acercó un poco más a él, hasta sentirle muy próximo. Seguía cogida de su mano, y además podía sentir los nervios a flor de piel, ¿Qué estaba haciendo? No lo sabía, solo seguía los pasos que le dictaba el corazón.
Y entonces le abrazó.
Como Shail era bastante más alto que ella, su cabecita quedó recostada entre el vientre y el pecho de él.

- Quédate, por favor –murmuró la niña.

Shail sintió un nudo en el estómago. Todo su cuerpo había empezado a temblar, reaccionando ante el contacto de Victoria. Y no era solo eso. Era la sensación de tenerla ahí, tan cerca de él. Sus manos se posaron involuntariamente sobre la cabecita de la niña, y empezó a acariciar su pelo oscuro. Entonces ella apartó la cabeza, y recostando la barbilla en el vientre de él miró hacia arriba, para encontrarse con los ojos de Shail.

“Esto es jugar sucio” pensó Shail, sonriendo en sus adentros “no puedo negarme si me lo pide así”.

Entonces el joven, bajó una de las manos que tenía en la cabeza de ella, hasta llegar a su mejilla, que acarició con suavidad.

- Victoria, yo...

La niña se sorprendió. Shail nunca la llamaba así.

- ¿Qué?- murmuró ella.

- Yo... –repitió él.

El joven mago había empezado a bajar la cabeza, acercando su rostro al de ella, hipnotizado por la luz de sus ojos.
Y entonces sus labios se rozaron, sin que ninguno de los dos apartara la mirada del otro.
Fue algo muy breve, hasta tal punto que Victoria se preguntó si en realidad le había besado o solo se lo había parecido. Pero había sentido el tacto húmedo de él.
Sin tan siquiera darse cuenta, Victoria se llevó la mano a los labios, abriendo los ojos de manera desorbitada, realmente sorprendida. Ese si había sido su primer beso, si se podía considerar así. Y había sido precisamente él quien la había besado. Ese joven de mirada tierna... Ese joven que le había robado el corazón.
Pero entonces, Shail se separó de ella, casi con brusquedad.

- ¡Lo... Lo siento! –trató de disculparse.

- Shail, no me importa... –trató de explicar ella.

Le había gustado ese beso, porque lo deseba, porque le quería, ¿y que podía haber más bonito que el beso de la persona que te gusta?
Pero él no la escuchaba, sino que se había apartado lo suficiente de ella para regresar a Limbhad.

- ¡Espera! –gritó ella, tratando de detenerlo.

Pero ya era demasiado tarde. Se había ido.
Shail se había ido, dejando a una confusa Victoria mirando al vacío que el joven mago acababa de dejar enfrente de ella, y en su corazón. ¿Por qué se había ido? Victoria no terminaba de encontrarle una explicación coherente. Además, no sabía que debía hacer. Estaba perdida.
Y a pesar de que intentó evitarlo, una lagrima bajó por su mejilla, y a esta le siguieron muchas más. Estaba llorando.

*¿Por qué?* era todo lo que podía pensar.

No entendía nada, y no sabía que debía hacer para entenderlo.



Shail había aparecido en el mismo callejón donde horas antes había reclamado la atención del alma para regresar a Limbhad. Alsan le esperaba en un rincón, sentado en el portal de una casa, con los brazos cruzados y los ojos cerrados. Parecía dormido, pero en cuanto el joven mago se le acercó levantó la mirada, e hizo un leve gesto con la cabeza a modo de saludo.

- ¿Nos vamos? –le preguntó Shail, acercándose a él.

Alsan le miró sorprendido por la prisa que mostraba su amigo.

- Claro.

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MensajeTema: Re: Historias   Sáb Ago 18, 2007 3:15 pm

En unos instantes se encontraban de nuevo en Limbhad.
Shail salió de la biblioteca, y empezó a bajar las escaleras, de dos en dos. Pero el grito de Alsan le detuvo. Giró la cabeza y miró hacia arriba, donde se encontraba el joven caballero de Nurgon, mirándole fijamente.

- ¿No me preguntas como ha ido? – le preguntó este, tratando de sonreír y ser amable.

- Si claro –dijo Shail, negando con la cabeza por su despiste.

Alsan se percató de las pocas ganas que tenía el otro de hablar y se limitó a responder:

- Da igual, ya hablaremos en otro momento. Tampoco he encontrado nada de interesante.

Shail agradeció interiormente el gesto de su compañero y dedicándole una leve sonrisa siguió bajando por las escaleras.
Pero Alsan le detuvo de nuevo. Shail volvió a mirarle.

- Shail, lo siento... Creo que estoy siendo demasiado duro contigo. Yo...

- Déjalo, Alsan. No es culpa tuya. Es solo un pequeño bajón, ya se me pasará.



Victoria estaba sentada en su cama, jugueteando con el colgante que Shail le había regalado. No sabía que hacer. En dos ocasiones había viajado hasta Limbhad, pero cuando se había visto en la biblioteca la había acechado el pánico. ¿Qué debía decirle a Shail? ¿Cómo debía actuar con él? Y terminaba volviendo a toda prisa a su casa.
Miró por la ventana, abierta, por la que entraba una suave brisa que hacía ondear las cortinas. ¡Cómo pasaba el tiempo! En poco más de dos meses cumpliría once años y en su cuerpecito empezaban a notarse los pequeños cambios que se producían en ella y que la llevarían a ser completamente una mujer.
Sin pensárselo dos veces se levantó y se miró en el espejo que tenía al lado del armario. ¿Cómo podía Shail haberse fijado en ella? Quizás era por eso que ya no quería saber nada más de ella, en el fondo no debía gustarle. Como era tan niña aún... Se recogió el pelo en un moño dejando que le cayeran algunos mechones por la cara. Como le hubiera gustado tener 15 años para que Shail se fijara en ella. Pero tenía 10. Y nada podía hacer.
Harta de todo, conectó la minicadena y puso la radio a todo volumen, para luego dejarse caer sobre la cama, donde se cubrió la cabeza con una almohada, tratando de huir de todo.

Debía tomar una decisión. Lo sabía. Pero le parecía imposible. Lo que estaba claro era que no podía seguir jugando con la pequeña Vic de ese modo. No estaba bien, ni para ella, ni para él, ni para nadie. Además, estaba alargando demasiado aquella comedia: ya no iba a ver a Victoria y en el par de ocasiones en que ella había ido a Limbhad, le había pedido a Alsan que le dijera que estaba durmiendo.
Pero entonces ocurrió.
Aquel día Shail se encontraba en la biblioteca de Limbhad cuando la esfera del Alma cobró forma encima de la mesa, brillante. El joven la observó, y poco a poco fue entrando en ella.
Cuando le vio.
Era el asesino de Ashran, en lo alto de un edificio, junto a Elrion, aquel mago al que Shail no podía hacer sombra. Y eso no podía ser bueno de ninguna forma.

“Alma, donde están?” preguntó Shail, angustiado.

La respuesta le dejó helado. Estaban en España. Shail sintió que le invadía un miedo atroz. Ni tan siquiera se molestó a preguntar en que punto exacto. Solo pudo pensar en Victoria.
Debía protegerla. Pero no podía ir en su búsqueda. Los enviados de Ashran estaban demasiado próximos y podían detectar su magia. Si descubrían donde vivía Vic, la niña ya no podía regresar a su casa nunca más. Debía ahuyentarlos como fuera, a aparte de descubrir que era lo que estaban tramando.

- ¡Alsan! –gritó el joven mago.

Su compañero subió a toda prisa. Llevaba a Sumlaris en la mano. Con una mirada hubo suficiente para saber que algo malo ocurría.

- Vamos –dijo Alsan, tomando a su compañero por el hombro.



Kirtash observaba los movimientos de una mujer que andaba por las calles de A Coruña. A su lado se encontraba Elrion, que lo miraba de reojo. No podía soportar a ese niño malcriado y consentido, por muy hijo de Ashran que fuese.
Parecía como sacado de un anuncio. A sus 13 años ya vestía tejanos y jersey negros y en su espalda llevaba, enfundada, su espada Haiass, que parecía demasiado grande para aquel joven. Llevaba el pelo de “casco”, tan fino que le caía por la cara, cubriéndole parcialmente los ojos, que brillaban, tan fríos... Parecían los ojos de la muerte.
Por su parte, Elrion, no era más que un hombre larguirucho, con los ojos cansados y aspecto de amargado. No podía aguantar que aquel mocoso fuese su superior.

Kirtash estudiaba los pasos de aquella bella mujer. Hacía un buen rato que había notado como alguien usaba la magia en aquel rincón del mundo, y ahora que la tenía en frente, no tenía ninguna duda de que había sido ella.
Una semimaga humana.
Era raro dar con semimagos en la Tierra, porque abrir el portal interdimensional entre la Tierra y Idhún requería un gran poder, por lo que los semimagos no eran capaces de hacer ese viaje, a menos que viajasen con otro mago más poderosos.
Y era precisamente era por eso por lo que el joven asesino tenía un interés tan grande en ese tipo de magos. Si el viaje entre planetas era poco probable para ellos, podía muy bien ser que esos semimagos hubiesen sido consagrados en la Tierra... Por el último unicornio.
Era precisamente esa búsqueda que le había llevado a la Tierra, la búsqueda del último unicornio. Si encontraba algún mago o semimago que hubiese recibido sus poderes del último unicornio, en la Tierra, podría interrogarle hasta conseguir que le revelase donde había visto ese criatura de Idhún.

Kirtash siguió a la mujer con la mirada. No debía perderla de vista. Si lo hacía, quizás no volvería a tener otra oportunidad para capturarla, porque muchos magos ya habían notado su presencia en la Tierra y evitaban a toda costa el uso de magia. Pero algo le apartó de su tarea.
Entonces el joven Kirtash alzó la vista al cielo y frunció levemente el ceño, sin llegar a denotar la sorpresa que se albergaba en su interior. Daba miedo ver cuan frío podía llegar a ser aquel niño de rostro angelical.
Alguien había abierto el portal entre Limbhad y la Tierra.

Alsan y Shail aparecieron ante el mago siniestro y el joven de rostro dulce y mirada asesina. Se encontraban en la azotea de un edificio de varias plantas de altura, y a sus pies podían contemplar la lúgubre silueta de una ciudad que a esa hora del atardecer adquiría un aspecto un tanto fantasmagórico.
Kirtash les miró con indiferencia, haciendo un leve movimiento de cabeza para apartar algunos mechones de aquel molesto flequillo que le caía por la frente. Elrion en cambio dio un paso al frente, un tanto enfurecido, apretando los puños con rabia.

- ¡Malditos mocosos! ¡Siempre os estáis metiendo donde no os llaman! –gritó el siniestro hombre.

Ya había dado un paso al frente, para dirigirse a esos intrusos, que se preparaban para luchar, cuando Kirtash le detuvo, interponiendo una mano entre él y los chicos.

- Cálmate, Elrion.

El mago estuvo a punto de girarse y gritar al niño de Ashran que se metiera sus ordenes donde le cupiesen. Pero al fijar la vista en él, el frío ardiente de sus ojos, inundó su alma de hielo y miedo. Sabía lo que habitaba dentro de aquel niño, y también sabía porque Ashran había encomendado todo el peso de la misión a su hijo, y eso significaba que no podía llevarle la contraria, bajo ningún concepto. Así que se limitó a acatar la orden, dando un paso atrás, y refunfuñando a regañadientes.
Entonces, muy lentamente, el joven Shek desenvainó Haiass y miró fijamente a Alsan, que también había sacado a su Sumlaris y observaba aquel niño, en posición de combate.

- Elrion, encárgate del mago – dijo Kirtahs, antes de lanzarse con rapidos movimientos hacia su contrincante, el joven caballero de Nurgon.

Las espadas se encontraron en un estallido brillante que hubiese cegado a cualquiera. Alsan intentaba soportar con su propia espada el peso de Haiass, que caía sobre él como una daga de hielo. Parecía mentira que aquel chaval que no le llegaba ni a los hombros pudiese mover aquella arma legendaria con tanta maestría.
Kirtash sonrió, levemente.

- ¿Qué te hace tanta gracia? –chilló Alsan, tratando de empujar al muchacho lejos de él, a golpe de espada.

Kirtash se hizo a un lado, con un salto ágil y perfecto, y miró fijamente a Alsan. Este desvió la mirada con rapidez, pues ya había descubierto lo mortíferos que podían llegar a ser esos ojos.

- Tienes miedo –concluyó el asesino-, ya no atacas, como antes, solo te limitas a defender. ¿A caso la herida que te hice la otra vez te demostró que en verdad no soy lo que tu creías?

Alsan gruñó. Aquel niño era muy listo para su edad. Además parecía poder leer todos los pensamientos de rival. ¿Como podía engañarle? Nunca conseguiría sorprenderle. Le había creído un rival fácil, pues no era muchos los que podía presumir de haber derrotado a Alsan de Vanissar. Pero ahora veía que en realidad, el joven asesino era demasiado para él. Nunca podría derrotarle.


Por otra parte Shail y Elrion mantenían su propio duelo. El hombre era mucho mejor que el joven, pero también era más impulsivo y poco calculador, por lo que Shail podía engañarle con facilidad y evitar a sí sus ataques.
Pero Elrion no tenía paciencia, y al ver que el joven moreno estaba jugando con él, enloqueció de rabia y le lanzó un hechizo a Shail, que a pesar de que alzó a su alrededor una barrera energética, no fue suficiente para detener el campo de fuerza. Shail recibió el impacto parcial de aquel golpe y cayó al suelo de bruces, dándose un golpe en la cabeza, por lo que se le abrió un brecha en la frente.
Pero Shail se levantó con rapidez. El recuerdo de Victoria, indefensa en su casa, le daba las fuerzas que necesitaba. Y aprovechando la distracción del otro, le lanzó un hechizo de hielo, que al rozar su brazo, lo congeló.

- ¡Maldito niño! –gritó Elrion, tratando de descongelar su brazo, aplicando calor con el otro.

Cuando estuvo recuperado, empezó a conjurar el poder del rayo. Pero no pudo llegar a usarlo.

- Elrion, vamos.

Era la voz de Kirtash, que se estaba de pié, fresco como una rosa, al lado de Alsan, que trataba, una vez más, de ponerse en pié, entre jadeos.

- Pero Kirtash... –protestó el mago-, ¡ya les tenemos!

Kirtash de limitó a dirigirle una fría mirada, mientras decía:

- No lo creas... Ahora no hay tiempo, tenemos trabajo que hacer.

Y acto seguido, se acercó al mago, y ambos desaparecieron.


Alsan se levantó y miró a su alrededor. Shail seguía sentado en el suelo, con la mirada perdida en el infinito de aquel cielo que cada vez estaba más negro.

- Se nos han vuelto a escapar –murmuró, el caballero.

- Esto ha dejado de ser un combate igualado para convertirse en una lucha para la supervivencia –murmuró el mago, muy afectado.

Alsan no dijo nada.

- ¿Qué haremos ahora, Alsan? Ya no podemos hacerles frente, y tampoco podemos huir. Ni tan siquiera podemos proteger a los que más queremos.

No lo dijo con palabras, pero ambos sabía a que se refería: Victoria.

- Debemos encontrar a Lunnaris y al pequeño dragón. Son nuestra única esperanza. Y debemos hacerlo antes que esos dos...

Un escalofrío le recorrió la espinada, al recordar los ojos de Kirtash observándole durante el combate, con aquella pasividad casi animal... Parecía un depredador al acecho de su victima.
Ambos permanecieron unos instantes en silencio, antes de que Alsan, murmurara:

- Volvamos a casa, Shail.
Limbhad los acogió como una madre, y en cuanto pusieron un pié en la biblioteca, ambos se sintieron profundamente aliviados. Poco a poco, la presión del miedo y la tensión fue desvaneciéndose, para convertirse en un inmenso cansancio que invadió a los dos. Había sido un duro combate.

- Voy a tomar un baño, si no te importa –dijo el joven caballero a su compañero-, estoy echo polvo.

Shail asintió y aguardó, con paciencia, a que su amigo dejara la sala para bajar a los pisos inferiores. Luego, cerciorándose de que Alsan no estaba, se acercó de nuevo a la esfera del Alma, nervioso. Aún le quedaba algo por hacer.
Introdujo su conciencia en la de la esfera y al sentir el contacto del Alma, preguntó:

“¿Dónde han ido Kirtash y Elrion?”

El alma del micromundo pareció estudiar unos instantes la pregunta que le había echo el joven mago, escudriñando cada palmo de la Tierra, en busca daquellos dos asesinos. No tardó mucho en dar una respuesta, pero esos segundos le parecieron años, al joven.
Shail suspiró, aliviado. Al fin estaban lejos de España, lejos de Victoria.
Su Victoria...
¿Debía estar bien? Seguro que sí, pero debía verlo con sus propios ojos para estar seguro. Así que sin alejarse del Alma, le pidió que lo llevase a casa de la niña.


Victoria se removió entre las sabanas, tratando de alejar el sueño que la invadía. Dio un vistazo al reloj: eran las once y media de la noche. ¿Qué era lo que la había despertado? Se levantó de la cama lentamente, y miró a su alrededor, aprovechando la escasa luz que entraba por la ventana. Una extraña sensación recorría su cuerpo.
Entonces oyó un golpecito en el cristal de la ventana.
Victoria dio un bote, asustada, y se acercó, un poco temerosa, hacia la ventana, que estaba semiabierta debido al calor sofocante que hacía esa noche en Madrid.
Y ahí debajo, en el patio, estaba Shail.

El rostro del joven mago dibujó una sonrisa muy tierna cuando vio que la cabecita de Victoria se asomaba por la ventana. Estuvo a punto de ponerse a llorar de alegría al saber que su amiguita estaba bien.

- ¡Shail! –gritó Vic, muy emocionada, al ver que su amigo había ido a verla.

- ¿Puedo subir?

- ¡Claro! –respondió ella afirmando con la cabeza.

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MensajeTema: Re: Historias   Sáb Ago 18, 2007 3:16 pm

Y en unos momentos Shail se había tele-transportado a la habitación de ella.
Victoria no tubo tiempo de decir nada porque su amigo se dirigió a ella con rapidez y la abrazó con fuerza.
La niña no entendía nada. La última vez que Shail había estado con ella, hacía ya algunas semanas, había huido después de regalarle su primer beso. Y ahora, aparecía de la nada y la abrazaba como si fuera la última vez.
Vic trató de apartar a Shail para poder mirarle a los ojos y preguntarle que era lo que pasaba, pero el joven no la dejó, sino que la estrechó aún mas fuerte entre sus brazos. Ella se sintió como en una nube, protegida por esos brazos masculinos.
Pasaron así largos minutos, hasta que al fin, Shail se separó de Vic, con cuidado, quedándose a escasos centímetros de ella. La miró con intensidad, y a la niña le pareció que se perdía en aquel mar de sentimientos que albergaba aquella mirada.

- Me alegro tanto de que estés bien... –murmuró el chico, tratando de contener las lagrimas.

- ¿Qué pasa, Shail? –preguntó ella, examinando el rostro del él.

Entonces de percató de la herida que tenía él en la ceja.

- ¡Estás herido! – exclamó ella, levantando la mano instintivamente y llevándola hacia la herida del mago, para intentar curarla con su magia.

Pero Shail la detuvo, tomando su manita en la suya y negó con la cabeza.

- Recuerda que no podemos usar magia en la Tierra. Y menos ahora. Kirtash ha estado rondando por España. Queríamos averiguar que era lo que traía de cabeza, y nos hemos enfrentado a él...

El joven mago sintió como el cuerpo de la pequeña empezaba a temblar y la abrazó, para consolarla. Ella se dejó llebar, sintiendo como él le acariciaba el pelo con suavidad. Un poco aturdida, recostó la cabeza en el pecho de él.
Al menos ahora le tenía a él, y con eso se sentía mucho mas segura.
Se apartó de nuevo e hizo que el joven mago se sentara en la cama, mientras ella iba en busca de agua oxigenada y algodón para curarle la brecha que tenía en la frente. Shail se dejó hacer, cerrando los ojos, y concentrándose en la bonita sensación que le producía tener a Victoria tan cerca y que ella se preocupara por él.

- Ya está –dijo la pequeña, poniendo una tirita en la ceja de Shail, cuando hubo terminado.

Entonces Shail abrió de nuevo los ojos y se encontró con Victoria estaba sentada en sus piernas y le apartaba con cuidado unos mechones de pelo para que no le cayeran encima de la herida.
Estaba tan bonita...
Entonces sus ojos se encontraron de nuevo y Shail sintió que el corazón le daba un vuelco al ver la luz de ella. Sus mejillas se sonrojaron levemente. Alzó una mano para encontrar la de ella y la condujo hasta su mejilla, para acariciarla.

- Vic...

Victoria no tubo tiempo de reaccionar. La mano libre de Shail se había enredado con su pelo y ahora la tomaba por la nuca, conduciéndola hacia el rostro de él. Asustada, abrió los ojos como platos. Deseaba aquel beso pero...
Cerró los ojos, tratando de abandonarse a él, pero cuando sintió el contacto de los labios de él en los suyos, se apartó.
Su respiración era un tanto agitada y también se había puesto roja, como él.
El miedo le había podido. El miedo a que él la rechazara de nuevo. El miedo a... perderle.

- ¡Lo... Lo siento! –tartamudeó ella, tratando de disculparse.

Pero Shail no parecía enfadado, todo lo contrario, sonreía con ternura.

- Tranquila. El que lo siente, soy yo. No quería obligarte a nada.

Victoria desvió la mirada, un tanto incomoda.

- Bueno –prosiguió el joven mago-, ahora ya se que estás bien. Será mejor que me vaya, es muy tarde y ya deberías estar durmiendo.

- Pero... pero...

Eran muchas las dudas de Victoria, y también los miedos. Toda aquella situación con Shail había sido un poco surrealista. Y no sabía si deseba que terminase o por otra parte quería que durase para siempre.

- Pero nada –le dijo él, guiñándole un ojo, mientras le revoloteaba el pelo con ternura-. Venga, metete en la cama y a dormir.

Victoria obedeció. Se tumbó en la cama y dejó que el mago la acochara. Luego él le dio un beso suave en la frente y se puso en pié, dirigiéndole una última mirada a la niña, antes de volver a Limbhad.
Vic se había quedado sola de nuevo en la habitación. Era tarde ya, sin embargo, por más sueño que tuviera, no podía dormir. Eran demasiadas las cosas que pasaban por su cabeza.


Shail llegó a Limbhad y se encontró una casa silenciosa y tranquila.
Caminó en silencio por los pasillos, hasta llegar a la habitación de Alsan. La puerta estaba semiabierta y en el interior se podía observar como el joven caballero dormía a pierna suelta.
Shail suspiró, aliviado. No tenía ganas de dar explicaciones a nadie en aquel momento, y el hecho de que su amigo estuviese durmiendo, facilitaba las cosas. Siguió su camino por el pasillo, hasta llegar a su dormitorio, que estaba unos metros más arriba del de Alsan.
Al ver la cama, se dio cuenta de cuan cansado estaba. Después del duro combate se había ido a la Tierra de nuevo, usando así más magia, echo que le había dejado exhausto. Ahora por fin podría descansar y recuperar todas la fuerzas que le faltaban.
Sin tan siquiera desvestirse, Shail se dejó caer en la cama, saboreando la agradable sensación que le daba el poder tumbarse sobre aquel mullido colchón. Quería abandonarse al sueño, pero tenía tantas cosas en que pensar...
Soltando un suspiro, abrió los ojos lentamente y los fijó en la oscuridad que le rodeaba.
¡Qué complicado era todo!
En casa de Victoria se había dejado llevar por sus sentimientos, pero... al ver la reacción de Vic había comprendido claramente lo difícil que podría llegar a ser una relación con ella, por mucho empeño que pusieran los dos. Si, ella era una niña, y él no era de la Tierra, y además estaban las luchas, y Kirtash y muchas otras cosas. Sería mucho mejor para todos seguían siendo sólo amigos.
Finalmente el cansancio le venció, y a pesar de que tenía aún muchas cosas en que pensar, Shail cerró los ojos y se abandonó a un sueño profundo y reparador.

Victoria seguía dando vueltas a la cama, nerviosa. El despertador que había en la mesita de noche marcaba ya las 2 menos cuarto de la noche, y a pesar de eso, no podía dormir. Se sentó en la cama y miró la ventana, inquieta. No sabía muy bien porqué, no podía dejar de pensar en el asesino de Ashran. Era cierto que Shail le había contado que esa tarde Kirtash había estado en España, pero ahora ya se había ido, y ella no había usado magia ni nada parecido, no había peligro, estaba a salvo. Sin embargo...
Victoria se puso en pié y buscó las zapatillas. Salió de la habitación, en silencio, y recorrió el largo pasillo que separaba su habitación de la de su abuela. Pero una vez en la puerta, se detuvo. La mujer dormía placidamente en su cama de matrimonio. La niña la miró con un atisbo de tristeza en los ojos. Le hubiera gustado tanto tener el valor de entrar en la habitación y acurrucarse junto a su abuela adoptiva... Pero entre ellas había un muro infranqueable. A pesar de que Victoria sabía que podía confiar en esa mujer y que le debía mucho más que el hecho de que le hubiera dado una casa, no podía acercarse a ella y abrirle su corazón. Además estaba el tema de la magia, de Shail y Alsan, de Kirtash... ¿cómo le podía explicar a la anciana que un asesino idhunita la había perseguido y que un mago y un caballero la habían salvado?
Exhalando un suspiro, se apartó del marco de la puerta y volvió con paso lento a su habitación. Estaba asustada y necesitaba la compañía de alguien. Y no se le ocurría otra persona que no fuera él.
Victoria se tumbó en la cama y cerró los ojos, obligándose a concentrarse en el Alma.
Le fue más fácil de lo que creía. Sintió como su cuerpo se desvanecía encima de la cama, para aparecer poco después en la biblioteca de Limbhad.
Victoria asomó la cabecita por la puerta de la biblioteca y escuchó atentamente. En la casa de la frontera reinaba un silencio aterrador. Tragando saliva, la pequeña salió de la sala, dejando atrás la esfera del Alma, que aún rotaba encima la mesa de la biblioteca, y que pronto se desvaneció. Bajó a tientas las escaleras, repitiéndose a si misma, una y otra vez, que allí estaba segura y que no tenía porqué preocuparse. No sabía donde estaba la habitación de Shail, pero suponía que estaría próxima a la sala donde la había llevado un par de veces, cuando ella se había mareado debido al viaje interdimensional.
Al fin dio con una puerta que parecía la correcta.
Vic asomó la cabeza y... ¡horror!... ¡se había confundido! Asustada, se hizo a un lado, y se pegó a la pared, como si temiera ser descubierta.
La pequeña volvió a mirar hacia dentro, y se aseguró de que Alsan dormía como un tronco. Aliviada, pasó rápidamente por delante de la puerta y siguió con su búsqueda.
La habitación de Shail era la siguiente.
Victoria empujó con suavidad la puerta, que estaba ajustada y descubrió al joven mago, que dormía en su cama, con una media sonrisa en los labios. ¿Estaría soñando?
Vic no estaba muy segura de si debía entrar o no. Le daba un poco de vergüenza entrar en la habitación de él por las buenas, pero... No tenía ganas de volver a su casa. Así que inspirando profundamente, Vic dio un paso al frente, y se acercó, de puntillas, hacia la cama.
Shail seguía dormido, y parecía no haberse dado cuenta de nada. La niña quería despertarle, pero le daba cosa. Un poco nerviosa, dio un vistazo a la puerta, que seguía abierta. No podía pensar con claridad sabiendo que en cualquier momento podía entrar Alsan, así que se acercó de nuevo y la cerró.
Luego volvió junto al joven y le sacudió con suavidad.

- Shail... –murmuró, en voz baja.

Pero él ni se inmutó.
Victoria repitió la sacudida, esta vez con un poco más de insistencia.

- Uhm –murmuró el mago, pero no llegó a despertarse.

Vic se dio por vencida. Miró a Shail, durmiendo placidamente, tumbado bocabajo, con la cabeza recostada en la almohada y el pelo revuelto cayéndole por la cara. ¡Estaba tan mono!

- Supongo que si me quedo... no pasara nada –murmuró Victoria, dirigiendo una última mirada Shail.

Y luego, se tumbó a su lado, metiéndose entre las sabanas de la cama del chico.

Eran las siete y media, hora de Madrid, cuando el pitido agudo de un despertador inundó la habitación. Era el reloj de pulsera de Victoria.
Shail levantó la cabeza, asustado, y buscó el interruptor de lámpara que tenía en la mesita de noche. Cuando la luz tenue de la pequeña bombilla hubo inundado la sala, miró a su alrededor, buscando que era aquello que producía aquel ruido.
¡Y menuda sorpresa se llevó cuando vio a Victoria acurrucada a unos centímetros de distancia!

- Un poco más... –murmuró la niña, apretando los botones del reloj para detener el ruido y cubriéndose la cabeza con la sábana.

Shail no salía de su asombro. ¿Qué hacía ella allí? ¡Y durmiendo en su cama!
Un poco temeroso, sacudió a Victoria, que asomó la cabeza entre la las suaves sábanas que cubrían la cama. Tenía los ojos aún medio cerrados, y su pelo alborotado parecía la melena de un león.
Sus miradas de cruzaron durante unos instantes, el tiempo necesario para que el adormecido rostro de ella se convirtiera en el reflejo del pánico y la sorpresa.

- ¡Lo siento! –gritó ella, saltando de la cama y quedándose de pié.

- Tranquila. No pasa nada –sonrió el joven mago-, pero... ¿qué hacías aquí? Me he llevado un buen susto.

Victoria se puso roja como un tomate. Desvió la mirada y empezó a juguetear con su pelo.

- Ayer... No podía dormir... Estaba un poco asustada, por lo de... Kirtash –dijo en un murmuro-. No sabía que hacer... y vine aquí, pero estabas durmiendo...

En estas que Shail se había puesto en pié y se había acercado a ella, que le miraba, tímidamente. La rodeó con los brazos y la estrechó contra él, abrazandola.

- Mi pequeña Vic... No debes preocuparte, yo siempre estaré a tu lado, protegiéndote, con mi vida, si hace falta.

Victoria alzó los ojos y clavó su misteriosa mirada en él. Sentía al joven muy próximo a ella, como el día que la había salvado en Suiza, como el día en que la había besado. Un beso... Como le gustaría darle un beso de verdad.
No sabía como hacerlo, ni si debía, pero poco le importó. Cerró los ojos y ante la sorpresa de Shail, posó sus labios en los de él.

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MensajeTema: Re: Historias   Sáb Ago 18, 2007 3:18 pm

Shail abrió los ojos de par en par. ¿Estaba soñando? No, sin ninguna duda. Aquel contacto era real. Victoria le estaba besando.
Sintió como una agradable sensación recorría su cuerpo de arriba abajo. Podía sentir el contacto de ella, que aún estaba entre sus brazos, la calidez de su piel, el perfume de su pelo, alborotado a aquellas horas de la “mañana”. Shail la miró, sin separarse de ella. Observó su rostro, sereno, tranquilo, levemente sonrosado y sintió también el contacto de los labios de ella en los de él.
Pero una duda cruzó la mente de Shail. ¿Debía permitírselo? La noche anterior, antes de caer dormido, había llegado a la conclusión de que era mejor alejarse de ella, para no hacerla sufrir. Y ahora... estaba mandando todas sus cavilaciones a paseo.
Y es que ante eso, no podía luchar.
Abandonándose a sus sentimientos, y olvidando todo lo demás, Shail cerró los ojos, y estrechó aún más fuerte a Victoria entre sus brazos, mientras empezaba a besarla, con cuidado y ternura.
Victoria suspiró aliviada al sentir que Shail la correspondía. Había iniciado ese beso sin estar muy segura, pero ahora... Ahora ya nada importaba.
Se tenía el uno al otro, y se permitían amarse. ¿Que podía haber más bello que eso?

Victoria no tenía ganas de que aquel beso terminara, pero se estaba haciendo tarde, y después de saborear los últimos resquicios de aquel contacto, se separó de Shail.
Le miró, algo tímida, pero sin desviar la mirada de la de él. Quería transmitirle todo lo que sentía sin palabras. Y el joven mago lo entendió. Vio que, en aquellos grandes ojos, brillaba, con más intensidad, la luz especial que desprendía ella, la luz de Victoria. Y no pudo evitar regalarle una tierna sonrisa.

- Victoria... –dijo, mientras le apartaba un mechón de pelo que le caía por la frente, y luego le acariciaba con suavidad la mejilla.

No era un pregunta, ni un ruego, era simplemente una afirmación. La afirmación de que ella estaba ahí, con él, y que todo eso acababa de suceder, realmente.
La niña se acercó de nuevo a él y le abrazó, escondiendo la cabeza en el abdomen de él. Era tan raro lo que sentía ahora en su interior, tan grande, tan mágico, tan... no encontraba palabras para describirlo, solo alguien que lo hubiese sentido también podía entender de lo que hablaba.
Estuvieron abrazados, un rato, hasta que finalmente Victoria dijo:

- Tengo que irme. Pronto serán las ocho en mi casa, y mi abuela se preocupará si no bajo a desayunar. Y aún tengo que vestirme...

- Tranquila, no importa. Tu ve, y haz tus cosas. Yo estaré aquí esperándote cuando regreses del colegio. Tenemos todo el tiempo del mundo –le respondió él, tratando de alegrarla.

Aunque luego se arrepintió de haber dicho aquellas palabras. No lo tenían todo el tiempo, porque algún día él tendría que irse. Y aunque hasta hacía poco el deseo de volver había sido de lo único que le había ayudado a seguir adelante, ahora solo podía rezar para que ese día no llegase nunca.
Shail le dio un último beso a Victoria, en los labios, breve, pero intenso, tratando así de ahogar los pensamientos que habían invadido su mente. Ahora no quería pensar en eso, ahora no... Aunque una vocecilla, muy dentro de él, le repetía, una y otra vez, que no podía pasarse la vida de espaldas a la realidad.

Y luego Victoria se fue.


Cuando Shail regresaba a su habitación, después de haber acompañado a Victoria a la biblioteca, donde ella se puso en contacto con el Alma, para regresar a su casa, se encontró con Alsan. Estaba sentado en su cama, y le miraba con actitud seria.
El joven mago cruzó la puerta, mordiéndose el labio inferior, mientras buscaba algo que decir, algo con sentido. Pero no tuvo oportunidad. Alsan se levantó y se encaminó hacia la puerta. Al pasar por su lado, le dirigió una mirada fría, que transmitía todo lo que el pensaba sobre lo ocurrido.
Así que les había oído...
Solo le faltaba, a Shail, que el principe de Vanissar se pusiera en aquel plan. ¡Maldición! Ya lo sabía que aquello no era lo correcto, ¿pero qué debía hacer?
Fastidiado por aquel contratiempo que se había interpuesto en su idea de evadir la realidad, Shail cerró la puerta, una vez su compañero hubo salido de la habitación y se apoyó en ella, deslizándose suavemente, hasta quedar sentado en el suelo.

Victoria se vistió en un momento y bajó las escaleras apresuradamente. Cuando entró en la cocina su abuela se estaba apoyada en la encimera (? No se si se dice así), tomándose un café.

- Vaya Victoria, ¿te has dormido? – le preguntó Allegra, mirándola por encima de las gafas.

- ¡S... Si! –tartamudeó ella, un poco nerviosa, mientras se ponía bien el cuello de la camisa.

Allegra se volvió para dejar la taza en la mesa, mientras preguntaba:

- ¿Que no has dormido bien esta noche?

Victoria se quedó rígida, pero disimuló mordiendo con ganas el bollo que tenía para desayunar.

- Si, bueno... Hacía un poco de calor –dijo, tratando se disimular.

- Si, es cierto. Parece mentira que a finales de septiembre aún tengamos estas temperaturas.

Victoria suspiró, aliviada.

- Bueno, ¡date prisa o perderás el autobús!

- ¡Claro abuela, hasta luego!

Victoria salió corriendo, cruzando el gran jardín que rodeaba la casa, hasta llegar a la puerta.

Pasó el día como en una nube. Apenas atendió en clase, ni habló con sus compañeras. Solo tenía ganas de cerrar los ojos y dejar volar la imaginación, muy lejos de allí, hasta Limbhad, hasta la noche anterior. Recordar cada detalle de aquel beso y de aquel abrazo.
El día se le hizo tremendamente largo. Las horas no avanzaban y parecía que no llegaría el momento de volver a casa y esconderse en su habitación para huir, hacia su refugio secreto, junto a él.


Para Shail la espera también se hizo eterna. En la casa de la frontera no había otra distracción que leer o practicar esgrima contra el robot mecánico que había en la sala de armas. Y encima Alsan parecía enojado. Cada vez que se cruzaba con él en el pasillo o se encontraban en alguna de las habitaciones de la casa, él caballero le dirigía una mirada indiferente y luego se iba, sin darle oportunidad de hablar. Al final, el joven mago había optado por refugiarse en la biblioteca.
Aburrido y asqueado, pidió al Alma que le mostrara a Victoria.

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MensajeTema: Re: Historias   Sáb Ago 18, 2007 3:18 pm

Estaba sentada en las escaleras de entrada al patio trasero de la escuela. Era la hora del recreo, pero ella estaba sola en aquel rincón, con la mirada perdida y una tierna sonrisa en los labios. La verdad era que aquel uniforme le daba un aspecto muy gracioso. Llevaba el pelo suelto, fijado con una diadema, largo y brillante. Shail no pudo evitar un suspiro al recordar lo suave y sedoso que era.
¿Pero que hacía ahí sola? Ya se había dado cuenta, el chico, que Victoria no era muy popular entre sus compañeras, pero de ahí a estar completamente apartada, había un trecho. Quizás era culpa suya... Había mezclado a la pequeña con todo eso, con mundos extraños, con la magia, con una profecía que en nada la concernía... y ahora con él.
Quizás ahora era feliz, ¿pero podría ser feliz toda la vida dando la espalda a lo que había ahí fuera?
Cuando él ya no estuviera, cuando se fuera... ella estaría igual de sola, pero con la diferencia de que ya no habría Limbhad donde huir cada tarde, ni habría Shail que la esperara para hablar, para reír, para besarse.
El joven miró la imagen de la niña una última vez y luego cerró los ojos, apartando su contacto con el Alma. Había tomado una decisión.


Victoria llegó a Limbhad rebosando felicidad. Recorrió la casa entera buscando a Shail, y le encontró en la habitación que tenía para hacer sus cosas y donde alguna vez había practicado magia con él.
Leía un pesado volumen de eso que habían en la biblioteca, pero al verla lo cerró de golpe y lo dejó a un lado, dirigiéndole una sonrisa a Victoria.
Ella se sintió un poco cohibida. De repente, toda la alegría que desprendía se volvió timidez, y se quedó de pié al lado de la puerta.

- ¿Qué te pasa? –le preguntó el chico- ¿No tienes ganas de verme?

- ¡Claro que si! –dijo ella, disgustada.

Aunque pronto se dio cuenta de que el mago le gastaba una broma, y terminó por acercarse a él, con paso inseguro.

- Ven aquí –dijo él, dándose palmadas en los muslos para que ella se sentara.

Victoria obedeció y se sentó en las piernas de su amigo. Shail le dio un abrazo muy fuerte, casi desesperado, y ella instintivamente notó que algo iba mal. ¿Le pasaba algo a Shail? Apretó fuerte los brazos alrededor de él, tratando de animarlo de algún modo. Pero esa sensación persistía.
Finalmente él se separó de ella y la miró a los ojos. Vic sabía que quería decirle algo...
Pero no se atrevió. Y de nuevo la abrazó, soltando un profundo suspiro.

- ¿Shail, que te pasa?

Solo se le ocurría otro modo de animarle. Y sin pensárselo dos veces, le besó.
Shail no rechazó aquel beso. Al contrario. La besó con tal sentimiento que la niña sintió que se deshacía, cuando sus lenguas se encontraron.
Pero de pronto Shail se apartó, agachando la cabeza, incapaz me mirarla a los ojos.

- Esto no está bien... –murmuró.

Victoria había quedado tan perpleja que no sabía si reír o llorar.
El joven mago la miró y levantó la mano para acariciarle la mejilla. Pero ya no fue como antes, aquella caricia era fría, distante. Y Victoria lo sintió.

- ¿Por qué? –fue todo lo que pudo llegar a pronunciar sin que se le quebrara la voz.

- Porque te quiero demasiado.

Victoria se levantó, apartándole de ella con furia. ¿Cómo podía ser que la rechazara porque la quería demasiado? Aquello no tenía sentido. Había estado jugando con ella. Y rompiendo a llorar se fue corriendo a la biblioteca, para huir hacia su casa.
Pero estaba tan alterada que no pudo ponerse de acuerdo con el Alma. No había manera de sacar de ella la energía que aquel ente necesitaba para llevarla a su casa, así que la niña se quedó acurrucada en un rincón de aquella sala, llorando sin parar.

Alsan estaba en aquel momento en su habitación, cuando oyó el llanto de Victoria. Preocupado, salió de su estancia, para ver que era lo que pasaba, pero todo lo que alcanzó a ver fue a la pequeña que se iba, pasadizo arriba, hacia las escaleras que conducían a la biblioteca.
Y entonces un pensamiento cruzó su cabeza: “¿Shail le había dejado las cosas claras al fin?”.
Se le hizo un nudo en el estómago, pensando que las consecuencias de todo aquello serían culpa suya, al fin y al cabo. Así que, no muy seguro, se acercó a la habitación de su compañero.
Se disponía a dar un par de golpes suaves en la madera, para pedir permiso para entrar, pero la puerta estaba abierta y cedió ante el primer contacto. El malestar del joven caballero se acentuó cuando vio a Shail, sentado en su pupitre, con la mirada perdida y el rostro descompuesto por las lágrimas. El mago parpadeó un par de veces, para derramar las últimas lágrimas, que resbalaron por sus mejillas, y luego posó sus ojos, severos y oscuros, en él.
Alsan quedó petrificado. Si, había estado presionando a Shail para que abandonara aquel juego de niños que mantenía con Victoria, por el bien de los dos, pero... ¿se había parado a pensar realmente cual era el bien para los dos? Se querían de verdad, ahora lo había podido comprobar con las lágrimas de ambos, y él había echo todo lo que estaba en sus manos para separarlos.
Abatido, y tratando de apoyar a su amigo, murmuró:

- Shail....

Pero la única respuesta que le dio el otro fue:

-Ya tienes lo que querías, ¿no? Ahora déjame en paz.


Lo que más le molestaba al joven mago era que Victoria se había formado una idea equivocada de la situación. Se había ido pensando que había jugado con ella. ¡Maldita sea! Eso sería lo último que haría. Pero cualquiera le hacía ver a ella lo que en realidad pasaba... ahora estaba dolida y deprimida, si él iba contándole que todo eso era para el bien de los dos, aún sería peor.
Y encima Alsan tenía el morro de presentarse allí, con esa carita de compasión y pena. No le culpaba, pero tampoco necesitaba que aún le hiciese sentir peor.
Confuso, cruzó los brazos encima la mesa, y hundió la cabeza en ellos, tratando de buscar ahí, algún alivio para su corazón.

Alsan dirigió una última mirada a su compañero, y antes de salir de la habitación, murmuró:

- Lo siento. Yo... ya sabes que no lo hice para fastidiar.



Alsan estaba molesto consigo mismo y se sentía algo culpable. Quería ayudar, de algún modo, pero no sabía como. Aunque no aprobara esa relación no podía permitir que terminara de esa forma tan fría y dramática. Y entonces recordó que momentos antes había visto como Victoria se iba corriendo hacia la biblioteca, supuestamente para huir hacia su casa, pero él no recordaba haber percibido la ondulación que se producía en el aire cuando alguien usaba el Alma para viajar a la Tierra.
El joven se encaminó hacia la biblioteca.
Tubo suerte, pues la pequeña Vic aún yacía acurrucada en un rincón, llorando amargamente.
Victoria al oír que alguien entraba en la biblioteca, levantó la cabeza, asustada. Pero al ver que tan solo se trataba del joven caballero, volvió a romper en llantos, escondiendo la cabeza entre sus manos.
Alsan se acercó a ella, sin decir nada, y se sentó a su lado, con las piernas cruzadas. Se estuvo allí en silencio, largo rato, velando por ella y aguardando que su dolor cediera. Y cuando Vic parecía más calmada, Alsan empezó a hablar.

- Victoria, se lo que ha pasado entre Shail y tu.

Ella no mostró signo de sorpresa, aunque interiormente se preguntó como debía haberlo descubierto.

- Verás... No se si Shail te lo ha contado, pero... Yo tengo parte de culpa en todo esto.

Ahora si que levantó la cabeza, Victoria. En sus ojos se podía leer su duda ante las palabras de él. Alsan lo percibió y se dispuso a explicarse.

- El día en que le dijiste a Shail que te gustaba... bueno, ese día él estaba muy raro, y después de preguntarle que le pasaba terminó confesándome lo que había sucedido. Y yo... yo me enfadé con él.

- ¿Por qué? – preguntó ella, que no entendía nada.

- Victoria tienes diez años... –empezó él.

- El mes que viene cumplo once –le cortó ella.

- Bueno, pues eso, once. No tienes edad para ir con chicos, ¡deberías estar jugando con muñecas!

- ¡Oye! ¡Que no soy ninguna niña! – protestó ella, muy enfadada.

Alsan resopló, algo incomodo.

- Ya sé que no eres una niña, se que eres fuerte, solo hay que ver como huiste de Kirtash –aquel nombre produjo un escalofrío a la chiquilla-, pero... debes comprender que hay una edad para cada cosa.

Victoria quería intervenir, pero Alsan no había terminado:

- Además, si suponemos que eres lo suficientemente adulta para tener una relación, ¿te has planteado que Shail y yo solo estamos aquí temporalmente? Tenemos una misión, encontrar un dragón y un unicornio, y cuando lo hagamos, supongo que también hallaremos el modo de volver a casa, a Idhún. ¿Y luego que, Victoria?

Victoria quedó paralizada. La verdad era que no lo había previsto eso. Ella no era de Idhún, ella tenía una vida en la Tierra, con su abuela. Cuando Shail se fuera... No pudo evitar ponerse a llorar otra vez, cuando aquella idea pasó por su cabeza.

- ¿Entiendes ahora porque me opuse a esto? No está bien que sufras, ni Shail tampoco. Supongo que... si os queréis de verdad y los dioses están a favor, podréis estar juntos algún día, ya sea en la Tierra o en... Idhún. Por ahora es mejor que solo seáis amigos.

- ¿Amigos?

- ¡Claro! ¿Que creía, que os quería separar o algo? Podéis seguir “juntos”, como amigos. Aquí eres muy bienvenida Victoria, eres una de nosotros, de la resistencia. Creo que esto ya no sería lo mismo sin ti.

La pequeña sonrió ampliamente. Y Alsan también. Ahora solo quedaba arreglar las cosas con Shail.

Victoria entró en la habitación, silenciosamente, como sólo ella sabía hacerlo. Shail estaba sentado en la cama, con la cabeza recostada en la ventana que había encima de esta y tenía la mirada perdida en la noche que brillaba fuera. Ella le contempló durante un rato, mientras buscaba en su interior las fuerzas que necesitaba para hablar.

- Hola... –murmuró.

Shail se volvió, sorprendido, saliendo de su ensimismamiento.

- ¿Victoria? Pero que...

- Venía a pedirte perdón... por lo que ha pasado antes.

Se dirigieron una mirada cargada de sentimientos. Parecía que ninguno de los dos sabía bien lo que tenía que decir ni lo que hacer. Parecía imposible volver a tratarse con confianza después de lo ocurrido.

- ¿Por qué... has cambiado de opinión? –murmuró finalmente Shail.

Victoria pareció dudar unos instantes, mientras restregaba el pié por el suelo.

- He hablado con Alsan. Me ha contado algunas cosas.

- Vaya.

Shail tenía ganas de abrazarla, de consolarla, y ella tenía ganas de que la abrazara, de sentirse protegida en sus brazos, pero ninguno de los dos daba el primer paso. ¿Qué había pasado? Parecía que entre ellos se había alzado un muro demasiado alto para ser escalado.

- Bueno... eso... siento... lo de antes. No debía precipitarme. Me vino todo un poco grande. Ahora será mejor que vaya –dijo ella, dirigiéndose hacia la puerta.

Pero Shail la detuvo:

- Esperate –dijo, levantándose, mientras tendía una mano hacia ella, como para cogerla.

Pero no llegó a tocarla. Se detuvo a un metro escaso de ella, mirándola, intensamente.

- Quizás Alsan tenía razón. Pero... quiero que sepas, que yo te quiero igual. Y te quiero mucho. Estuve a punto de mandarlo todo a paseo y luchar por esto que habíamos empezado, pero al final desistí. Quizás pensarás que soy un cobarde...

- ¡No! –dijo ella, negando con la cabeza – No creo que seas un cobarde. Se que has hecho lo que creías correcto.

Al final Shail venció ese recelo que había dentro de él, y se lanzó hacia Victoria, abrazándola con fuerza. Victoria quiso hacerse a un lado, pero pronto se rindió a ese contacto tan cálido. Y entonces empezó a llorar de nuevo. Él también lloraba.
Cuando al fin parecieron calmarse, Shail se separó ligeramente, para poder mirarla directamente a los ojos.

- Aunque... aunque ya no podamos estar juntos, seguiremos siendo amigos, ¿verdad?

- Claro. Siempre serás mi pequeña amiga, y voy a protegerte por encima de todo, nunca dejaré que te pase nada malo, aunque... aunque tenga que dar mi vida por ello.

- ¡No digas esas cosas! –protestó ella y Shail sonrió- Se que... que cuando te vayas te echaré mucho de menos, pero... espero que encontréis pronto lo que andáis buscando y podáis regresar a Idhún.

Al fin habían abierto sus corazones, y a pesar de que las heridas quizás tardarían algún tiempo en sanar, todo había quedado en su sitio. Se dieron un último abrazo, tierno, como todos los demás, pero esta vez, un abrazo de hermanos.

~*~* Fin *~*~

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